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Abortar es un eufemismo
Interrupción legal del embarazo no, hablamos de la muerte de una persona humana.


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net



En los grupos pro-vida se insiste mucho en no utilizar el término feto, sino el de niño. Para evitar su mal uso y justificar el deshacer a “eso” que es un feto, y no reconocer que es una persona, un niño. No está mal la intención, pero falta hacer lo mismo con el otro término: aborto. Y lo veo más importante.

Es asunto es simple: abortar es matar, pero no lo decimos lo suficiente, y hasta no lo decimos, nos conformamos con la idea de que todo mundo entiende eso. Pero no es así. Lo que criticamos con el eufemismo de “interrupción del embarazo”, que se usa para no decir aborto, no lo aplicamos a este último. Hay que hacerlo, siempre. ¿Por qué?

Cuando en vez de decir aborto decimos infanticidio, homicidio, asesinato, las personas simpatizantes con el aborto ya no reaccionan tan superficialmente. Defienden el aborto como un “derecho” de la mujer a disponer de su propio cuerpo, por ejemplo, y hasta allí llegan. Ni piensan en el niño muerto.

Por eso debemos hablar de muerte de un nonato, cuando a los simpatizantes del aborto, como una conmiseración hacia la mujer que no desea su embarazo, no quieren pensar en muerte, en muerte de un inocente; eso, les resulta muy incómodo.

¿Qué alegan muchas veces que el tal feto de menos de doce o veinte semanas no es persona, o que no siente o algo semejante? Siempre lo harán, cuando desean justificar este infanticidio, y eso es otro alegato que debemos hacer.



Aborto, debo insistir, es en sí un eufemismo cuando se usa para no decir matar a un bebé nonato. Por eso es indispensable, más que sustituir feto por niño, sustituir infanticidio, homicidio, asesinato, en vez de aborto.

Cada vez que nos involucremos en una defensa de la vida, debemos usar esos términos, como sustitución de aborto. Cuando hablamos de matar un niño, debilitamos, y mucho, la defensa del supuesto derecho de una mujer sobre su cuerpo.

Para los necios, a quienes no les importa la vida, dará quizás lo mismo que digamos infanticidio en vez de aborto, pero vale la pena intentarlo.

Es como el caso de evadir el tema de abortar, hablando del “derecho a decidir”, el “pro-choice”, que usan también hablando otros idiomas (además del inglés), que no es otra cosa que decidir si se matar no a un hijo, y así hay que insistirlo. Y siempre, o casi, cuando se dice pro-choice, se quiere decir abortar, pero evadiendo el término.

Debemos utilizar los conceptos de “cultura de la vida” y “cultura de la muerte”. Siempre hay que hablar de muerte de una persona nonata, sobre todo cuando los pro-aborto hablan de salvar vidas en peligro de mujeres, y dejan de lado que, en todo aborto, siempre, siempre, muere alguien, un bebé asesinado.



A los pro-aborto les disgusta, y mucho, que se hable del derecho a la vida. ¿Por qué? Porque saben bien que abortar es matar y que, imponiendo el derecho a la vida, queda fuera de discusión el supuesto “derecho” a abortar, a “interrumpir el embarazo”. Por eso es fundamental hablar del derecho a vivir del nonato, de que no se le mate, que no se le asesine.

Cuando se muestran fotografías de bebés destrozados por aborto, la defensa de éste como “derecho” de la mujer, se debilita mucho, pero mucho. No lo dejemos de lado, cada vez que se hable de interrupción legal del embarazo y de aborto, debemos sacar el tema de la muerte de una persona humana, el abortado. Recordemos al tratar el tema: abortar es matar.





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