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Y tú, ¿cómo estás?
Santo Evangelio según San Mateo 11, 28-30. Jueves XV de Tiempo Ordinario.


Por: H. Adrián Olvera, L.C. | Fuente: missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, te soy sincero, estoy un poco cansado...

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: "Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera".

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A veces estamos muy apurados con los asuntos de la vida y preocupados por tantas cosas. Cosas por las cuales vale la pena preocuparse y otras..., la verdad, no.



Es algo normal, algo que le pasa aun a la persona que siempre suele responder que no le sucede nada cuando se le pregunta cómo está.

Así es la vida, a veces estamos tranquilos, a veces todo va bien y, otras veces, simplemente no va tan bien, incluso, a veces, fatal.

Dios es consciente de nuestro cansancio, de nuestra fatiga. Él lo sabe muy bien, Él vivió también como hombre; caminó muchos kilómetros por las calles del mundo en el que vivimos. Si alguien sabe de cansancio es Él. Por ello, nos grita: ¡Venid a mí! Sabe que nuestro cansancio no sólo es un cansancio físico sino que es un cansancio -como el que también Él experimentó- del alma..., del corazón.

Sin embargo, cuando nos invita a ir a Él, a descansar en Él, ¿de verdad lo hacemos? ¿Hablamos con Él, nos desahogamos con Él, lloramos con Él?... Son cosas que Él ya sabe pero quiere escucharnos y, no sólo eso, quiere también hablarnos.

Si buscamos al Señor con un corazón humilde, ahí encontraremos descanso. Si buscamos al Señor con un corazón sencillo, es decir, tal cual somos, sin máscaras, sin oraciones forzadas...ahí es donde encontraremos alivio.

¿Cómo estamos?

El yugo de Jesús es yugo de amor y, por tanto, garantía de descanso. A veces nos pesa la soledad de nuestras fatigas, y estamos tan cargados del yugo que ya no nos acordamos de haberlo recibido del Señor. Nos parece solamente nuestro y, por tanto, nos arrastramos como bueyes cansados en el campo árido, abrumados por la sensación de haber trabajado en vano, olvidando la plenitud del descanso vinculado indisolublemente a Aquel que hizo la promesa.
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de septiembre de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hacer una visita a Cristo Eucaristía para descansar en Él.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 





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