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rezar,

He aprendido a rezar
Mi mejor amigo el que siempre me escucha.


Por: María Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.Net



Sabía las oraciones desde pequeña, incluso durante un tiempo, me sentaba delante de mi cuaderno azul de espiral y plasmaba todo  lo que me había sucedido durante el día, mis inquietudes, mis alegrías. No era un diario, era una forma de dirigirme a mi mejor amigo, al que siempre estaba dispuesto a escucharme. Luego lo he releído y conservado, para darme cuenta que siempre me ayuda, que Él camina a mi lado.

Ahora, con el tiempo, no necesito  sentarme a escribir mis oraciones pero he aprendido a rezar de otra manera.

Rezar es hablar con Dios, pero no podemos confundir con recitar unas estrofas aprendidas de memoria y recitadas sin pensar lo que decimos. Incluso cuando rezamos el Padrenuestro, en cada frase, si ponemos sentimiento, a ?l le  agradará oírlo.

Ahora, cada vez que me pasa algo bueno, aunque sea una insignificancia, le doy gracias al momento. Si algo que parecía averiado se arregla, digo ” es porque nos ayudas” si algo sale mal, hay algún inconveniente, lejos de enfadarme, de desesperarme, pienso… “así apreciaré todo lo que me das”

Solo hay algo indispensable en nuestra pequeña oración cotidiana. No pidamos por nosotros mismos, para que  se nos facilite la vida. Si rezamos para que los demás estén a gusto, les vaya bien, con la seguridad de que es bueno para ellos, con fe, conseguiremos cualquier cosa. No le pongamos plazos a Dios, sabe muy bien cuando llegue el momento de concederlo.



Nuestra oración en todo momento dará las gracias.¡Cuantas veces hemos estado a punto de caernos, o incluso nos hemos caído y no nos ha pasado nada! No ha sido casualidad, damos gracias por ello.

¡En  ocasiones hemos encontrado un trabajo que necesitábamos urgentemente! No ha sido casualidad, damos gracias por ello.

Cuando antes de entrar en el quirófano, para someternos a una grave operación, nos hemos puesto en manos de Dios

y todo ha salido bien, no es casualidad, damos gracias por ello.

No olvidemos que la fe mueve montañas. Si en algún momento nuestras pequeñas o grandes oraciones no han tenido respuesta no es porque no hayan sido escuchadas, en ese momento, esa petición no era lo que yo necesitaba.



Dios es nuestro Padre y como todos los padres quiere lo mejor para nosotros. Dejemos que Él actúe.





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