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Homilia del 9 de Julio 2018

El Señor es compasivo y misericordioso
Miremos cómo actúa Jesús y busquemos caminos que nos lleven a imitarlo en sus acciones.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Agustín Zhao Rong y compañeros mártires

Oseas 2, 16.7-18. 21-22: “Yo te desposaré conmigo para siempre”

Salmo: “El Señor es compasivo y misericordioso”

San Mateo 9, 18-26: “Mi hija acaba de morir, pero ven tú y volverá a vivir”

 



Acabamos de escuchar la misma narración que nos hacía el domingo anterior San Marcos, pero ahora contada por San Mateo. Mucho más breve, con menos detalles, pero con la misma realidad: dos mujeres puestas al extremo, en una sociedad que las condena, en unas estructuras que no les ofrecen ni seguridad, ni igualdad, ni derechos.

Han transcurrido muchos años, se ha hablado mucho de la liberación femenina, pero me temo que nuestra sociedad sigue con una fuerte discriminación hacia la mujer y con estructuras que la siguen oprimiendo. Incluso, muchos de los triunfos de quienes reivindican los derechos de la mujer, la han llevado a situaciones de desventaja y abandono.

Las estadísticas de nuestra patria nos hablan del aumento de mujeres que tienen que sostener y conducir solas un hogar, de más madres solteras, de desigualdad en los salarios para los mismos trabajos, de feminicidios, violaciones, acoso sexual, y muchas otras formas de violencia hacia la mujer. Cristo, a pesar de ser  manipula, rompe estos esquemas y siempre tiene una palabra de cariño, de restauración y de respeto hacia la mujer. Rompe las ataduras de la muerte de aquella pequeña y restaura las heridas de la mujer que padecía el flujo de sangre.

Tendremos que trabajar mucho en la familia, en la sociedad y en la Iglesia para imitar a Jesús y restaurar esta relación en un ambiente de armonía, no en una lucha desleal y obstinada de género que sólo lastima y divide. Cristo nos enseña la dignidad que tiene toda persona y nos llama a respetar y restaurar a las personas.

Qué tristeza que en muchos hogares a las niñas aún se les considere con menores derechos, qué vergüenza que haya violaciones de pequeñas en los mismos hogares o por familiares que deberían protegerlas, qué injusticia las mujeres solas, abandonadas y condenadas. Miremos cómo actúa Jesús y busquemos caminos que nos lleven a imitarlo en sus acciones.



 

 

 





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