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Epidemias: detrás de los números
Detrás de los números hay historias concretas


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



A lo largo de la historia millones de seres humanos han fallecido por epidemias de diverso tipo. Las estadísticas destacan algunas de ellas: cólera, peste, lepra, gripe, viruela, sífilis, SIDA...

En esas y en tantas otras epidemias, detrás de los números han historias concretas: hombres y mujeres que amaron, que lucharon, que sufrieron, que rieron, que ayudaron, que fueron acompañados.

Los números no pueden reflejar esas historias. Se limitan a los datos, a las estadísticas, a los porcentajes, a los lugares geográficos, a las edades y situaciones económicas y sociales de quienes fallecieron.

Algunas historias personales llegan a la literatura, o a la prensa, o a la televisión. Manzoni, en "Los novios", narra algunas muertes (imaginadas) durante una epidemia de cólera en Milán. En Estados Unidos fue famosa, en su tiempo, la historia real de Ryan White (1971-1990), un adolescente muerto por el SIDA.

Otras muchas, muchísimas, historias personales no tienen narraciones relevantes. Pocos conocen lo que ocurrió a aquel esposo, a aquella esposa, a aquel hijo pequeño, a aquel huérfano que fue encontrado agonizante en una calle perdida de una gran ciudad.



La historia de la humanidad está surcada por sufrimientos ingentes y por enfermedades que han provocado millones de defunciones, en el pasado como en el presente. Los números reflejan la magnitud del drama, pero no pueden recoger todas las historias personales.

Cuando aparecen en los medios nuevas estadísticas sobre los muertos por malaria, tuberculosis, cáncer, SIDA, ataques al corazón, y tantas otras situaciones (sin olvidar las muertes por violencia, por hambre, por guerras), necesitamos abrir los ojos interiores para pensar en lo que está oculto detrás de esos números.

Algún día, tras el umbral de la muerte, esperamos conocer los rostros y las historias de esos hermanos nuestros. Ahora podemos ayudarles con aquello que esté a nuestro alcance (también con dinero, pero sobre todo con cariño), mientras rezamos a Dios para que tenga misericordia de los millones de sufrientes de todos los tiempos.





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