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No se preocupen por el día de mañana
Cuando Cristo habla del servicio, no lo considera como algo superficial


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Crónicas 24, 17-25: “Mataron a Zacarías en el templo”

Salmo 88: “Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor”

San Mateo 6,  24-34: “No se preocupen por el día de mañana”

 

¿Qué sentimos cuando dos personas nos jalan fuertemente en sentido contrario? ¿Qué queda en nuestro corazón cuando dos situaciones que consideramos importantes nos apremian en diferente modo? Cuando Cristo habla del servicio, no lo considera como algo superficial, sino como una verdadera entrega que compromete y subyuga.



Y pone por caminos no sólo separados, sino opuestos, a Dios y al dinero. Por desgracia a veces nosotros queremos unir y hasta justificar estos caminos tan diversos. Parece radical la postura de Jesús: “No pueden servir a Dios y al dinero”. ¿Qué tiene el dinero que corrompe tanto? Personas que parecían tan íntegras y desprendidas, cuando han tenido en sus manos un poco de riqueza, cambian el corazón. Jesús conoce el corazón y por eso nos previene. De ninguna manera es propiciar una actitud irresponsable frente a la vida, sino sabernos en manos de Dios, reconocer su protección y vivir en su presencia. Fácilmente caemos en este ambiente de tensiones y angustias y no reconocemos la providencia de Dios que nunca nos deja de sus manos.

La invitación a contemplar la naturaleza y descubrir las maravillas del Señor, nos llevará a percibir ese amor inmenso que nos tiene y que nunca nos deja de su mano. Una de las angustias más grandes es la que nos ocasiona la inseguridad del futuro y creo que está muy bien prevenir y procurar ser personas precavidas, pero cuando los eventos que aún no llegan nos causan angustias extras, será ciertamente por falta de confianza en el Señor. La invitación de Jesús es muy clara en este día: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas las cosas se les darán por añadidura”. No es invitación a quedarnos plácidamente dormidos diciendo que el Señor nos alimentará como a los pajarillos, no es hacerse ilusión que igual que a las flores del campo, nos vestirá el Señor.

No, es el compromiso de hacer con ahínco y dedicación lo nuestro, pero después acurrucarnos confiadamente en las manos del Señor. La justicia que nos ofrece Dios es un regalo, pero también es una tarea que implica todo nuestro esfuerzo. Despertemos en nosotros la esperanza, esa esperanza activa del que se sabe amado y comprendido por Dios, de quien está tranquilo porque ha puesto todo su esfuerzo y está seguro de que Señor hace su obra.

 







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