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Homilia del 18 de Junio 2018

Señor, atiende a mis gemidos
¿Qué estamos haciendo nosotros frente a toda la violencia e injusticias que este mundo genera?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



I Reyes 21, 1-16: “Apedrearon a Nabot hasta que murió”

Salmo 5: “Señor, atiende a mis gemidos”

San Mateo 5, 38-42: “Yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo”

 

Hoy se conjugan en sus temas, la primera lectura y el evangelio para presentarnos la desconcertante actitud del hombre malo y el silencio, la impotencia y el fracaso del hombre bueno. El libro de los Reyes nos presenta un caso verdaderamente insólito en crueldad y mentira, pero tan actual que puede estar tomado, cambiando nombres y fechas, de cualquiera de nuestros tribunales. Nabot, encariñado con la tierra que le dejaron sus padres, no acepta las ofertas que el rey Ajab le hace por ella. Jezabel, su esposa, idea un plan en el que, sobornando a los ancianos y principales, termina condenando a Nabot, con aparentes faltas a la ley. Muerto Nabot, el rey Ajab puede tomar posesión de la tierra que tanto se había metido en su corazón. ¿Quedará impune su crimen? ¿Nadie defiende al justo? Como si quisiera darnos una respuesta, el evangelio viene a complicar aún más la situación.



Jesús dice a sus discípulos que no hay que tomar la ley de Moisés como norma de su vida. No se puede aplicar el “ojo por ojo y el diente por diente”, sino que el discípulo no debe hacer resistencia al hombre malo. Y suenan fuertes aquellas recomendaciones de Jesús: “Si alguno te golpea la mejilla derecha, preséntale también la izquierda”. ¿Es la propuesta de Jesús una invitación al pasivismo e indiferencia frente a la injusticia? Los dos pasajes nos podrían llevar a una lectura equivocada y a asumir posturas de conformismo o indiferencia frente a la injusticia, pero ya el salmo de este mismo día nos da la pista del camino del verdadero discípulo.

Primeramente, nos ofrece una oración de confianza en el Señor y así nos enseña que el Señor no puede olvidar y tener oídos sordos frente a la injusticia: “Señor, oye mi voz, atiende a mis gemidos, haz caso de mis súplicas, rey y Dios mío”. Dios no olvida al inocente, sino escucha su clamor. Sería la primera gran lección. Pero además, siguiendo la historia, nos enseña cómo frente a las grandes injusticias de los poderosos, suscita profetas que arriesgando su vida, se oponen a las injusticias, no con venganzas personales, sino restaurando la justicia.

Y el mismo Jesús, cuando recibió una bofetada, reclamó fuertemente la razón de esa injusticia. No es con la cadena de violencia como se resuelven los problemas, pero sí nos exige una actitud comprometida, una oración confiada, un discernimiento valiente ante el Señor y una clara opción por el pequeño e indefenso. ¿Qué estamos haciendo nosotros frente a toda la violencia e injusticias que  este mundo genera?

 

 







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