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Homilia del 14 de Junio 2018

Señor, danos siempre de tu agua
Jesús nos enseña a vivir la gratuidad del amor de Dios


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



I Reyes 18, 41-46: “Elías hizo oración y cayó un fuerte aguacero”

Salmo 64: “Señor, danos siempre de tu agua”

San Mateo5, 20-26: “Todo el que se enoje contra su hermano, será llevado ante el tribunal”

 

El dicho popular: “el que se enoja pierde”, tiene una gran verdad. En las relaciones humanas constantemente aparecen las pequeñas o grandes diferencias entre las personas. Todo grupo, toda sociedad, toda familia, tiene miembros diferentes que pueden ser ocasión de gran riqueza pero también pueden provocar fuertes confrontaciones. Lo importante es cómo se mira con el corazón y cómo se juzgan las acciones de los demás.



Conozco personas que no tienen ningún enemigo, que siempre están contentas, que siempre viven positivamente. Y la razón no es que no haya problemas, o que no tengan que enfrentarse a personas de carácter o posturas difíciles, sino a la decisión que han tomado en su interior: no tener enemigos. Claro que cuando se vive el evangelio, se encuentran agresiones y obstáculos, pero ése no es motivo para odiar. Si Jesús nos ha pedido que seamos luz ¿por qué queremos ser y generar oscuridad? Si nos ha dicho que nosotros somos sal, ¿por qué generar amargura?

Las justificaciones que esgrimimos para actitudes negativas hacia las otras personas, son ordinariamente de desquite, de respuesta a lo que ellos nos hicieron y a sentirnos ofendidos. Jesús nos dice que si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraremos en el Reino de los Cielos. ¿Cuál era la justicia de ellos? La ley del Talión, “ojo por ojo y diente por diente”, pero no sólo ante los hombres, sino también ante Dios: “te doy para que me des”, “porque soy justo me he ganado las riquezas que Dios me ofrece”. En cambio, Jesús nos enseña no una retribución, sino a vivir la gratuidad del amor de Dios y a ser también portadores gratuitos de esa generosidad. Quien no tiene el corazón en paz ¿cómo puede presentarse ante el Señor?

Hoy examinemos si hemos ofendido a alguien, si es así, reconozcamos nuestro error y pidamos perdón, pero también seamos capaces de perdonar y ofrecer reconciliación.   

 







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