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Dichosos los pobres de espíritu
Las Bienaventuranzas son la carta de presentación de la Buena Nueva de Jesús.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Bernabé, Apóstol

Hechos 11, 21-26: “Era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo”

Salmo 97: “El Señor ha revelado alas naciones su justicia”

San Mateo 5, 1-12: “Dichosos los pobres de espíritu”

Las Bienaventuranzas son la carta de presentación de la Buena Nueva de Jesús. Pero me da la impresión de que muchas veces las recitamos con gusto, las alabamos mucho y después, las dejamos como algo lejano, ideal pero irrealizable. Hoy nuevamente las hemos escuchado porque iniciamos en el calendario ferial el Evangelio de San mateo y además son una clara referencia a Bernabé cuya festividad celebramos hoy.



Puestas así, vividas por una persona concreta, nos pueden parecer más cercanas, más a nuestro alcance. Los hechos de los Apóstoles nos presentan a Bernabé como “un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe”, que se alegra mucho del caminar del Evangelio en medio de las comunidades y que exhorta a todos a mantenerse firmes en su propósito y fieles al Señor. Las Bienaventuranzas no son para hacer discursos bonitos, ni para presentar ideales irrealizables. Hoy en medio de nosotros, Jesús sigue lanzando su invitación a vivirlas.

El Papa en su exhortación a la santidad nos hace caer en la cuenta de que hay en medio de nosotros personas que se las toman en serio y viven conforme a lo que Jesús nos pidió. Hoy podemos ser santos y podemos vivir las bienaventuranzas. Basta que miremos con atención y encontraremos discípulos de Jesús que en medio de este mundo globalizado, tienen libre el corazón y viven alegremente el Evangelio En medio de tanta corrupción hay quien lucha sinceramente por implantar la justicia y la verdad; en medio de tantos odios y violencias, encontramos a personas “pacíficas”, con armonía en su corazón y constructores de paz. Al recordar a Bernabé, ese hombre bueno, despertemos también en nosotros el deseo de vivir las bienaventuranzas. Ciertamente es posible, con la ayuda de Jesús y viviendo su presencia en medio de nosotros.

 





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