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Redes sociales y bullying

¿Qué pasa si lo que decimos online se hace realidad?
Video: Y si lo que escribimos lo dijéramos


Por: Franco Lanata | Fuente: catholic-link



Te presentamos un experimento social que cuestiona nuestro comportamiento en las redes sociales. Muchas veces en el mundo virtual hacemos o decimos cosas que no haríamos ni diríamos en la vida real. El experimento busca llevar a la realidad lo que muchas veces se queda aprisionado en las redes. Las consecuencias son impactantes. La timidez, la falta de libertad, la falta de seguridad, el miedo a lo que otros puedan decir o hacer, o el seguimiento solamente externo de pautas morales como el respeto y la tolerancia hacen que muchas personas, tras el escudo de una pantalla, se atrevan a liberar lo que verdaderamente tienen en el interior.

 

Esto hace recordar aquella frase popular que dice así: «Dale una máscara a un hombre y verás quién es realmente». ¿No será la pantalla, en algunos casos, una nueva máscara? La libertad que se experimenta para poder comportarse en las redes sociales sin temor a las consecuencias demuestra muchas veces que el comportamiento aparentemente correcto en la vida real podría no estar enraizado en un verdadero compromiso interior con el bien y la verdad sino en un utilitarismo que lleva a poner la razón de mis acciones en lo que es más útil o conveniente para mí. Así, muchas obras respetuosas podrían ser solo fachada para ascender socialmente, evitar conflictos o dejar una apariencia positiva. Sin embargo cuando todas estas segundas intenciones no tienen lugar es cuando se pone a prueba el corazón de cada uno. Como diría el Señor: «El hombre bueno, saca lo bueno del buen tesoro de su corazón. El hombre malo, saca lo malo del mal tesoro de su corazón; porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lc 6, 45).

Tal vez una virtud buena para el caso que tocamos es la prudencia. Ella nos permite saber ver la realidad con profundidad, luego juzgar qué es lo mejor que debo hacer y , finalmente, actuar según eso. En este caso la pregunta sería tanto en el mundo real como el virtual: ¿Debo decir algo? Si es así, ¿qué es lo que debo decir? Una vez realizado este ejercicio debemos ser valientes para llevar a la práctica ese propósito en el lugar, el momento y la manera que más convenga. Si se considera que es necesario decir o no decir algo por su verdad o bondad, ¿por qué tanta diferencia entre el comportamiento en la vida real y en las redes sociales? ¿Por qué sentirse seguros y poco vulnerables en la vida virtual lleva a decir más cosas o cosas diferentes a las qué se dirían en la vida real?

Y con esto no me refiero únicamente a los insultos o los comentarios polémicos sino también a tantas expresiones auténticas de amor y amistad que no nos atrevemos a decir en vida real. Muchas veces solo a través de la pantalla nos atrevemos a felicitar, animar, alegrar o expresar a otros tantas cosas edificantes y alentadoras que siempre se necesitan. Tal vez en lugar de escondernos tras una máscara es momento de sacar a la luz el interior, pero antes iluminar diariamente ese interior con la luz de Dios.



Como siempre es en las virtudes donde se encuentran respuestas para nuestro comportamiento. En este, como se dijo, es básica la prudencia para discernir mis acciones, la coherencia para comportarme igual en cualquier lugar y la libertad para poder decir y hacer lo óptimo sin cadenas interiores. Finalmente, como diría San Pablo: «No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para la mutua edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan» (Ef 4,29).

 





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