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Creación y servicio
La cultura cristiana de la dignidad del servicio.


Por: Javier Ordovàs | Fuente: Catholic.Net



Toda la creación es un equilibrio de mutuo servicio y complementariedad entre minerales, vegetales y animales. La función básica del ser humano es servir, ser útil a los demás hombres y a la creación entera. Vivir para los otros es una regla soberana de la naturaleza.

 

La cultura humana ha desarrollado la idea de que las personas que gobiernan tienen mayor dignidad cuando, en realidad el que gobierna lo que tiene es una mayor  responsabilidad y obligación de servicio. Todos los seres humanos tenemos exactamente la misma dignidad y cada uno tenemos distintas funciones, pero nuestra cultura ha establecido distintos grados de dignidad según las funciones desempeñadas, hasta el punto de que los que no desempeñan tareas de gobierno se consideran a sí mismos ¨súbditos¨, cuando en realidad, el verdadero súbdito, el que está al servicio de la comunidad, es el que tiene la función de gobernar. En su origen latino, la palabra ministerio quiere decir servicio.

 

En Mt 20, 20-28 leemos: ¨Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos¨.



Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

La vida de total servicio de Jesucristo nos alcanzó la máxima utilidad de la redención, el perdón de Dios para todos los hombres.

Sin embargo, esa cultura milenaria que hemos acumulado, y que parece parte inseparable de la condición humana,  ha degenerado en la idea de que los dirigentes son dueños y señores y los demás se consideran ¨súbditos¨. A este enfoque cultural le añadimos la ¨ley del más fuerte¨, el macho, y llegamos a la cultura machista y patriarcal.

Lógicamente, Jesucristo no está influido por esa cultura, sino de la visión divina contraria, ¨el que manda es el servidor¨ y, por tanto, cuando elige exactamente a 12 hombres para edificar su Iglesia, está exhibiendo la verdad y poniendo las cualidades de esos 12 al servicio de los demás hombres y mujeres, les está dando una específica misión y función de servicio, les adjudica una responsabilidad, un peso, una carga. La dignidad de esos hombres está en servir.

Los demás hombres y mujeres no debemos considerarnos inferiores  a esos 12 y sus sucesores, sino con la misma dignidad y distintas funciones. No podemos caer en la comodidad de volcar toda la responsabilidad sobre ellos y  olvidar nuestras obligaciones o delegarlas.



Cuando juzgamos la estructura que Cristo creó para su Iglesia, no podemos hacerlo con nuestra cultura, sino con la visión de Jesucristo para su Iglesia, que no tiene nada que ver con la visión y misión de una institución humana. Ahí no cabe ni la cultura machista, ni la cultura soberanista, sino la cultura de servicio como máxima dignidad. Por lo tanto, los hombres y mujeres de la Iglesia de Jesucristo no aspiran a gobernar sino a servir con las diferentes funciones que tengan dentro de esa Iglesia.

El que gobierna en la cultura cristiana, en la Iglesia de Jesucristo,  debe abandonar sus interese personales y dedicarse a servir al resto de mujeres y hombres. ¿Por qué Cristo eligió a doce hombres para esa función de servicio, por qué les puso a servir?: para recordar a la humanidad, de cultura machista, que la misión del hombre es servir, no gobernar.

Todos en la Iglesia servimos, cada uno desde su lugar, carácter, personalidad y funciones. Las mujeres y los hombres que no tienen funciones de gobierno no pueden considerarse súbditos, ni exentos de responsabilidades, ni de menor dignidad.

Cristo se encarnó como hombre y eligió a sus 12 sucesores hombres. Instituyó el sacramente del Orden a los hombres.

Por otra parte, algo que no sabemos responder. Dios se encarnó en el seno de una mujer, por la intervención del Espíritu Santo, y se encarnó como hombre.  Tenía 50% de probabilidades de encarnarse como mujer. No tenemos la respuesta pero, así lo hizo, así eligió.

Y esa decisión divina no es intrascendente, tiene consecuencias. Cuando los sacerdotes, descendientes de los primeros doce apóstoles, consagran el pan y el vino y renuevan el sacrificio de Jesucristo, lo hacen ¨en la persona de Cristo¨. Y la persona de Cristo es varón.

Los sacerdotes están configurados a Cristo sacerdote, de manera tal que puedan actuar en nombre de Cristo, cabeza de la Iglesia, y que Cristo quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos varones

 La Iglesia no cuenta con la capacidad para cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, que es generada como Iglesia. No se trata solamente de un elemento disciplinar, sino doctrinal, puesto que se relaciona con la estructura de los sacramentos, que son lugar originario del encuentro con Cristo y de la transmisión de la fe.

El Papa Francisco ha vuelto a reflexionar sobre el argumento: él, en su exhortación apostólica Evangelii gaudium, ha reafirmado «que no se pone en discusión “el sacerdocio reservado a los hombres, como signo de Cristo esposo que se entrega en la Eucaristía”, y ha invitado a no interpretar esta doctrina como expresión de poder sino de servicio, para que se perciba mejor la igual dignidad de hombres y mujeres en el único cuerpo de Cristo».

 

Cuando la Santa Teresa de Calcuta dijo ¨el que no vive para servir, no sirve para vivir¨ estaba expresando el profundo deseo de Dios Padre para la creación y un mensaje central de la Buena Nueva de Jesucristo.





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