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Tú eres, Señor, nuestro refugio
Jesús lo que pide es que solamente a Dios se le dé el verdadero culto y el verdadero respeto.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



San Bonifacio, Mártir

II San Pedro 3, 12-15. 17-18: “Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva”

Salmo 89: “Tú eres, Señor, nuestro refugio”

San Marcos 12, 13-17: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”


Con mucha frecuencia se ha manipulado el texto de este pasaje para maniatar a la Iglesia frente a su responsabilidad social . Tendrán toda la razón quienes busquen que la religión no se convierta en una manipulación ni en una justificación de poderes injustos. Por ningún motivo debe la religión, o sus instituciones y personas, sostener un sistema político, ni legitimar sus acciones, como tampoco, un sistema político debería aprovecharse de la religión para obtener sus votos, sus justificaciones y su sustento.



La pregunta hecha a Jesús tiene sus implicaciones graves porque no busca sinceramente qué es justo y cómo debe actuar un verdadero israelita, sino que pretende ponerlo en un aprieto: si dice que sí, estaría justificando el dominio injusto y arbitrario del Imperio Romano; pero si dice lo contrario, se le tomará como un alborotador peligroso para el imperio. La imagen del César no solamente en la moneda, sino en la vida pública y privada, busca substituir a Dios. Se quiere hacer como Dios. Jesús lo que pide es que solamente a Dios se le dé el verdadero culto y el verdadero respeto. No pretende que sus discípulos se desentiendan de sus obligaciones como ciudadanos o miren con apatía las preocupaciones civiles. Un cristiano tiene la obligación de mirar por el bienestar de toda la comunidad. Asumir la responsabilidad de su voto, exigir se cumplan las promesas y colaborar en el bien común. Sus rezos, sus oraciones, su espiritualidad, de ningún modo lo exentan de esta responsabilidad, todo lo contrario, lo hacen más consciente y debe responder con mayor exigencia.

San Pedro este mismo día nos dice en su carta que “ustedes deben vivir esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor”. Es una espera dinámica y una confianza en que con el Señor construiremos ese cielo nuevo y esa tierra nueva. No esclavos del poder, sino servidores de su pueblo. Reflexiones muy a propósito para estos días de elecciones, de responsabilidad cívica y de honestidad en el servicio.





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