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Tú eres mi Dios y en ti confío
¿Qué respondemos al Señor?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



II San Pedro 1, 1-7: “Dios nos ha concedido los maravillosos bienes prometidos, que nos hacen partícipes de la naturaleza divina”

Salmo 90: “Tú eres mi Dios y en ti confío”

San Marcos 12, 1-12: “Se apoderaron del Hijo, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña”

San Marcos ante las discusiones de Jesús con los escribas, ancianos y autoridades, nos presenta una parábola que responde al cuestionamiento que le hacen sobre la autoridad. ¿Quién tiene autoridad sobre la viña si no el Hijo? ¿Por qué los viñadores contratados quieren usurpar esa autoridad? ¿Dónde están los frutos que deberían entregar?

Con uno de los símbolos más significativos del Antiguo Testamento , San Marcos respalda la autoridad de Jesús y condena además a las autoridades que se han negado a dar los frutos de justicia y rectitud que se deben exigir a quien ha recibido tan preciado don. Pero quedaríamos muy lejos de entender el significado, si solamente lo aplicamos a aquellos viñadores. No es nada difícil contemplar a través de ellos, las autoridades de todos los tiempos, pero sobre todo las autoridades de estos tiempos.



Toda clase de autoridad tiene la obligación de cuidar la viña, de hacerla fructificar y entregar los frutos a su tiempo. Lo triste de nuestro país y de nuestros pueblos, no es que no sean muy ricos en infinidad de bienes tanto materiales como humanos y sociales, lo triste es que en la mayoría de ellos, las autoridades responsables han desbastado la viña, la violentado y se han apoderado de sus riquezas.

¿Tienen alguna defensa quienes con violencia matan a inocentes y destruyen las familias? Todas esas víctimas claman al cielo y son escuchadas por el Señor. Su sangre se une a la del Hijo asesinado. También hoy reclama el Señor el maltrato a la viña amada: los pobres, los niños, los inocentes, los indefensos. También hoy debemos escuchar todos, sus palabras y hacernos responsables de los frutos que espera el Señor. ¿Qué respondemos al Señor?


 

 







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