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Reflexión del Evangelio de la misa del domingo 3 de Junio de 2018

Esclavitudes; IX Domingo ordinario
Son muchas las esclavitudes que ahora sujetan y oprimen al hombre y lo más triste es que él mismo se ha colocado esas cadenas.


Por: Mons. Enrique Díaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic Net



Lecturas:

Deuteronomio 5, 12-15: “Recuerda que fuiste esclavo en Egipto”.

Salmo: “El Señor es nuestra fortaleza”.

2 Corintios 4, 6-11: “La vida de Jesús se manifiesta en nuestra carne mortal”.

San Marcos 2, 23- 3,6: “El Hijo del hombre también es dueño del sábado”.



La esclavitud es una aberración que durante siglos sufrió la humanidad y que parecería que con muchos esfuerzos ha logrado superar. Sin embargo, no podremos decir que la hemos superado del todo cuando no se respeta la dignidad de la persona, cuando se manipula su libertad y cuando se le encadena con nuevas ataduras disfrazadas de los más nobles ideales. El hombre puede permanecer esclavo sin darse cuenta. El hombre puede esclavizar a los demás para ponerlos a su servicio. Las lecturas de este día nos invitan a luchar contra toda esclavitud: “Recuerda que fuiste esclavo en Egipto”, nos pide el Deuteronomio y Jesús en el Evangelio desenmascara nuevas esclavitudes.

Quizás en nuestro tiempo no tendrían mucho sentido las palabras de Jesús sobre el sábado ni aún diciendo que “el domingo se hizo para el hombre y no el hombre para el domingo”. Hemos dejado a un lado estas fiestas y nos hemos enfocado en otros ritos y celebraciones. Pero creo que las palabras de Jesús tendrían mucho sentido si miramos lo que ahora nos esclaviza y quizás podríamos parodiar su reflexión diciendo: “el dinero se hizo para el hombre y no el hombre para el dinero”, o también podríamos aplicarlas a otras esclavitudes modernas: “El placer se hizo para el hombre y no el hombre para el placer”. Alguien me decía que para muchos el domingo es sinónimo de futbol y de alcóhol… Son muchas las esclavitudes que ahora sujetan y oprimen al hombre y lo más triste es que él mismo se ha colocado esas cadenas. La misma miopía con que veían las autoridades judías el sábado, que se convirtió de un día de descanso y de liberación en un día de opresión, la misma sucede en la actualidad. Revisemos nuestra vida y encontraremos nuevas esclavitudes.

La política es ciertamente un bien muy necesario para el progreso y el bienestar de los pueblos, pero cuando se manipula la política y se le convierte en instrumento de opresión, pierde todo su sentido. Cuando se sacrifican pueblos y personas en aras de ambición y de desmedido deseo de poder, se pierde todo el equilibrio y se deforma la autoridad cuyo eje central sería el servicio y el cuidado de la comunidad. Los bienes materiales y la producción están dentro del plan de Dios para alimentar al hombre y otorgarle los bienes necesarios para su salud y su bienestar, pero después convertimos en un dios al comercio, la empresa y el negocio, a tal punto que acaban destrozando a las personas en aras del capital. Y así, muchas cosas se convierten en opresión: el deporte  que debería ser descanso y convivencia, se convierte en fanatismo, causa de divisiones y abandono del hogar, de la familia y de Dios; el vino, signo de alegría, se apodera de las personas y las embrutece; el poder que debería ser servicio, se transforma en opresión… y cada uno de nosotros podemos revisar si lo que nos mueve o nos atrae, está en función de la realización de la persona o bien si ya se ha convertido en fuente de esclavitud. Aun cosas muy buenas: el estudio, la religión, o el servicio, cuando se vuelven obsesión e ideología, llegan a ser cadenas. ¿Qué nos diría Jesús? ¿Tenemos el corazón libre?

Continuando el texto nos encontramos con el hombre tullido. Las actitudes de los escribas y fariseos nos parecen estúpidas y llenas de egoísmo. ¿Por qué no son capaces de mirar más allá de sus prejuicios? ¿Por qué prefieren dejar a un hombre imposibilitado en su miseria con tal de conservar sus principios y sus intransigencias? Pero nosotros no estamos muy lejos de estas incongruencias y nos aferramos a nuestros egoísmos y a nuestras ideologías. Sufre mucho nuestro país y todos los sistemas porque lejos de mirar por el bien de la persona humana, se anteponen los intereses de partidos, de sistemas o de trasnacionales. No es raro escuchar entre nosotros: “Si esto no va a ser para mí mejor que no sea para nadie, que se pudra o se destruya…” Y todo por ideologías. De derecha o de izquierda, con apariencia de servicio o con apariencia de seguridad… pero la dignidad de la persona sale lastimada al tomarse decisiones que no están sostenidas por una recta intención, sino con el afán de imponer nuestros criterios y nuestros poderes. En todos lados se presenta: entre las grandes naciones, en los pequeños poblados; entre los partidos y entre los carteles; en la familia y en los grupos.

Nos importa más imponer nuestra ley que buscar el bienestar de la persona. ¿Cuántos mueren de hambre porque los grandes consorcios quieren hacer sentir su fuerza y su poder? ¿Cuántas personas quedan al margen de la salud, no por lo costoso de la medicina, sino por los caprichos de quienes poseen los recursos? ¿Cuántas leyes y propuestas han sido boicoteadas por uno u otro partido, no tanto porque no parezcan buenas, sino porque provienen de alguien distinto? Y esto que miramos entre los pueblos, en los partidos y en la política, sucede también entre nuestros grupos y hasta en nuestra familia. Se toman decisiones no buscando el desarrollo integral de cada una de las personas, sino imponiendo caprichos y criterios manipulados. Hoy pido al Señor que nos permita abrir los ojos y el corazón para descubrir a los “tullidos” que están a nuestro alrededor, a los que no hemos permitido tener acceso a la salud sólo por nuestros caprichos e ideologías. Hoy le pido al Señor Jesús que también a mí me sane de mi mano seca y corta, tan corta que sólo alcanza para mis propios beneficios, que me haga que estire mi mano en servicio y en solidaridad con todos los que están a mi lado. “Señor, sana mi mano seca y tullida”.



Señor Jesús, que has venido a dar libertad plena a la humanidad, concédenos vivir libres de esclavitudes engañosas y tener un corazón dispuesto al amor y a la verdad. Amén.

 

 





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