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María siempre en camino
En la Fiesta de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel


Por: Diego Lobo LC | Fuente: elblogdelafe.com



Hoy concluimos el mes de mayo, y con él acaban tantas “carreras”, “competiciones” y entrega de premios, regalos y felicitaciones. El camino ha sido largo: pensar en la Champions, las copas de futbol por países, la NBA y otras competiciones, pero aún falta el Mundial de Rusia.

Ya hemos terminado una etapa de muchas carreras, pero esto no es el fin, terminamos con una carrera más: la de la Santísima Virgen. A ella le bastó saber que su prima Isabel necesitaba ayuda para salir corriendo a ayudarla, a servir y a estar a disposición de quien más la necesita. Siempre al servicio.


Pascua: tiempo de carreras

Digo que terminamos una etapa de carreras porque la Pascua está llena de carreras, ¡correr y correr! Y lo vemos desde el día de la Resurrección: pensemos en las mujeres que ven al ángel y salen corriendo; en María Magdalena que se le aparece Jesús y sale corriendo a avisarle a los apóstoles; Pedro y Juan se enteran y salen corriendo; en los discípulos de Emaús que se les revela Jesús en el partir el pan y salen corriendo a Jerusalén para estar con los apóstoles.

Veamos también la primavera cómo corre para desarrollarse, basta ver el pasto que hemos cortado hace tres días y que ya volvió a crecer de nuevo, las flores perfuman nuestras noches al volver del trabajo y también las mañanas en que vamos a trabajar, el sol corre rápido para salir, pero no tiene mayor prisa por ponerse.




La carrera de María

La Virgen María salió corriendo, presurosa a servir, y es lo que nos quiere enseñar en nuestras vidas. Ahora empiezan nuestras carreras: los exámenes, pensar en las vacaciones para los hijos, pensar en nuestras propias vacaciones; a dónde voy a ir, a quién voy a visitar, qué voy a hacer; y la Virgen María nos da la clave para nuestras propias carreras de la vida: el servicio, esa “pizca” de amor que ponemos en las cosas que hacemos.

Si estudiamos, cierto que pensamos en conseguir un trabajo, ganar dinero, ser alguien en la vida, pero ese amor que le meto para servir a los demás, porque en el futuro puedo ayudar a los demás con mi profesión, y así deja de ser un estudio egoísta y pasa a ser para los demás. Me preocupo de mis hijos, pero no porque quiero ser el mejor papá o mamá del mundo, sino porque quiero que mis hijos crezcan y aprendan de la vida y de lo bello que nos encontramos. Pienso en las vacaciones para hacer felices a los demás, a los que me acompañan.

Pero, ¿cómo se sirve? “yo no soy esclavo de nadie, ni empleado que se le ruega”, eso es verdad, basta agregar ese amor a lo que hacemos, una mirada comprensiva, un buen consejo, ayudar a quien lo necesita, y eso es servicio, tenemos las obras de Misericordia que son 14, tenemos para elegir, y cuando hagas una, métele amor y verás que realmente serás feliz. Junto a la Virgen podrás decir:

    ¡Proclama mi alma las grandezas del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador!







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