Menu


Pequeños Detalles
Una sonrisa, una mirada, un saludo ayuda a cambiar todo.


Por: Maria Luisa Martinez Robles | Fuente: Catholic.Net



Vivimos con la necesidad de hacer grandes epopeyas, tener éxito en todo lo que hacemos. No es necesario que nuestra mano derecha sepa lo que hace nuestra mano izquierda, hacer  lo que debemos a diario, aunque no nos guste, lo mejor que sepamos, es el secreto del éxito.

No nos imaginamos el poder de una sonrisa, de una palabra amable. El valor de un abrazo o una llamada telefónica. Escuchar, esperar, consolar son verbos que debemos conjugar en presente, en pasado, en futuro.

Confundimos nuestra necesidad de protagonismo con nuestra actividad cotidiana. Queremos hacer muchas cosas, que se vean y aprecien. Lo verdaderamente importante son las pequeñas cosas de cada día, hacerlas con gusto, con alegría. Por ejemplo:

No tomar en cuenta el malhumor de los demás.

No perder la paciencia a la menor ocasión.



Ser comprensivo con las dificultades de  los que nos rodean.

Pensar en positivo, es muy útil.

No juzgar, no estamos en posesión de la verdad, admitir otros puntos de vista.

Dar buenas noticias, no contar penas y enfermedades  al que nos quiera oír.

Las quejas, al libro de reclamaciones, en nuestra casa no existe,  solo hay libro de soluciones.



Dar sin esperar recibir, difícil,  pero el secreto del bienestar.

Ponerte en el lugar de los demás.

Por último tener paciencia, no debe faltar. Nuestra convivencia es mejor cuanto más pacientes seamos.

Una niña me preguntó hace mucho qué podría hacer para cambiar el mundo. Enmudecí un momento, pero los niños me han enseñado a reaccionar rápido. Le contesté que cada día hiciese alguna de estas cosas…  o todas si quería cambiarlo enseguida.

Confiar en Dios, ponernos en sus manos también funciona.




 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!