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Nadie podrá quitarles su alegría
¿Eres feliz?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Hechos 18, 9-18: “Muchos de esta ciudad, pertenecen a mi pueblo”

Salmo 46: “Dios es el rey del universo. Aleluya”

San Juan 16, 20-23: “Nadie podrá quitarles su alegría”

 

¿Eres feliz? Es una pregunta que no fácilmente respondemos. Casi siempre podemos decir si estamos contentos por algún acontecimiento o por la situación que estamos pasando, pero la felicidad va más allá de esos momentos.



La felicidad de vivir es quizás la aspiración más honda y determinante de todo ser humano. Las mercadotecnias, los anuncios, el capital y el consumo, se aprovechan de esta aspiración tan fuerte del ser humano, ofreciendo soluciones inmediatas y fáciles que prometen alcanzar la felicidad con el bienestar material.

La promesa que hoy hace Jesús a sus discípulos va más allá: promete que van a ser tan plenamente felices que “nadie les podrá quitar su alegría”. Una dicha tan completa que no necesitará justificante, ni explicación, porque encuentra su fuente en el corazón. No habla Jesús de que no habrá problemas, ni dificultades, ni dolor, todo lo contrario hace saber a sus discípulos que el logro de esta felicidad exige pasar dolores semejantes a los del parto de una madre. Para alcanzar la plena alegría se tienen que superar los obstáculos y los dolores propios de este camino.

En la Biblia, la alegría es siempre una señal del mundo nuevo, del mundo prometido, pero nos dice que nace de la tribulación. El sufrimiento es casi como una ley de la vida desde el nacimiento pero ¿el sufrimiento y los obstáculos son capaces de quitarnos la felicidad? ¿Cómo puede estar en el inicio de la construcción del Reino el dolor y el sufrimiento? Sería falso pensar que Dios se sirve del sufrimiento como de una etapa para instaurar su Reino, pero sería igualmente falso afirmar que sólo con creer evitaremos el sufrimiento y el dolor. Es más:  vivir el Reino produce siempre esas luchas y oposición que desencadenan las estructuras del mal.

Pero eso no debe quitarnos la paz interior y la verdadera felicidad. Contemplemos a Jesús, nadie ha encontrado más oposición y dolores que Él, sin embargo es un hombre plenamente feliz porque vive en plena armonía interior. Señor, enséñanos a ser felices, concédenos la armonía interior.







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