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Orar o no orar
Parece sencillo, solo requieres dejarte abrazar por el amado


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net



Mientras caminas  reflexionas sobre tu origen. Recuerdas que fuiste creado por las manos más amorosas. Sabes que alguien te pensó, te amo, te dio la existencia. Sabes que su amor es el más grande y perfecto, que desea colmar todas tus carencias, restaurar todas tus heridas, ayudarte a poner orden en tu vida para que logres la mejor versión de ti mismo.

Piensas si será conveniente darte la oportunidad de acercarte a quien te conoce más que tu mismo, si abrirás tus puertas para permitir que entre, que iluminé y te abrace con su amor divino. Titubeas has escuchado que requiere tiempo, paciencia, esfuerzo, definición, apertura, dejar tus visiones para ampliar tu horizonte.

Sin embargo, en tu corazón arde un deseo que te llama a encontrar plenitud, gozo, aire nuevo que permita oxigenar, ventilar todas tus oportunidades. Aspiras a encontrar la fuente inagotable que revitalice todos tus espacios vitales.

Contactas tu corazón que aspira al amor, que anhela a Dios. Te resistes a dejar costumbres de lado, abrazar nuevos valores, ideales. Pero sabes que vale la pena arriesgarlo todo, madrugar, desvelarse para encontrar el Amor.

Parece sencillo, solo requieres dejarte abrazar por el amado.  Te llama, espera siempre atento a cualquier movimiento tuyo que le permita hacerte participe de sus gracias. ¿Te resistirás o lo dejaras entrar?



Te siguieren unos pasos para contactar al amado, parece más sencillo:

1. Pides la gracia de la unión, de valorar el dialogo con el Dios Todopoderoso.

2. Defines tiempos para conversar con el amor, decides ser muy fiel a tu cita diaria. Si es necesario madrugas perseveras, insistes en el encuentro hasta que se da una conversación natural permanente.

3. Abres tu corazón, permites que entre a todos los espacios de tu alma dejas que su luz ilumine tu realidad, para descubrir tus fortalezas, debilidades.  Encuentras respuesta a tus inquietudes e interrogantes diarios.

4.  Aceptas dar un sentido a las situaciones difíciles de tu vida, dolor moral, enfermedad, incomprensiones, situaciones adversas.  Iluminadas por Dios. En su compañía con su abrazo, y gracia lo ofreces por los más necesitados



5. Estas atento a lo que te dice a lo que te llama, en ocasiones te invita al perdón, a escuchar, visitar al enfermo, al preso, a quien vive en soledad, al que está alejado de Dios.

6.  Aceptas seguir el camino que te propone para vivir los valores para realizar el proyecto divino para el que fuiste creado.

 “Él buscaba siempre lugares solitarios donde orar”. Luc 5, 16
A ejemplo de Jesús, estás en camino.


 





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