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1. El mundo fue creado por amor

II. Paternidad en la Teología
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La paternidad tiene su sentido y origen en Dios mismo.


Por: Pia Hirmas | Fuente: Catholic.net



II. Paternidad en la Teología.

El mundo fue creado por amor.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida” nos dice Juan 3,16.

Todo el plan creador de Dios fue originariamente  salvífico, es decir, compartir su vida divina que  “esa es la vida eterna, que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y al que tú has enviado Jesucristo” (Jn 17,3)

La misión del Hijo es dar a conocer al Padre, decir las cosas que ha oído decir al Padre (Jn.15,15), devolver a casa del Padre a los hijos pródigos, preparar una morada en casa del Padre.



La manera de hacerlo no es simplemente dejando unos mandamientos y unos encargados como ocurrió con Israel, la novedad es que nos devuelve al Padre tomando nuestra carne, para compartirnos su misma vida Divina con “un Espíritu que nos hace exclamar Abbá, Padre” (Rm 8, 15), somos hijos en hijos en el Hijo, ya no somos siervos que no saben que hace el amo, somos amigos (cfr.Jn 15,15). Hemos sido introducidos en la intimidad de Dios. Esta locura hace exclamar a San Juan “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, ¡pues lo somos! (Jn3,1).

¿Cómo entender la ira de Javhé?

Una vez que contemplamos esta revelación que nos hace Jesús sobre su Padre, ahora nuestra mirada sobre Dios ya no es distante, ni temerosa como la de un esclavo como lo explica Pablo. Nuestra actitud es una actitud filial. Ahora entendemos que su predilección, sus mandatos, su ira y  sus ternuras salen de un corazón paterno lleno de bondad que guía su pueblo con amor como nos dice el profeta Oseas. Nos atrae con lazos de amor, nos alza como un niño a su mejilla, se inclina hasta nosotros para darnos de comer (cfr. Os11,4).

“Del Padre, procede toda paternidad en el cielo y en la tierra” (Ef 3,5)

La paternidad tiene su sentido y origen en Dios mismo. No es una construcción social humana, que puede ser suplida por el Estado o por instituciones educativas, incluso muy bien intencionadas. La paternidad es el mismo atributo constitutivo de la primera persona de la Santísima Trinidad. Su modo de ser es “Padre” por lo tanto, todo lo que hace, lo hace como Padre. No sólo de su Unigénito, sino que al habernos hecho a Su imagen y semejanza, nos participó de su modo de ser paterno. Y ese modo de ser padre, en nosotros que somos sexuados, se vierte en dos versiones: paterna y materna. Por lo mismo, siempre que queremos descubrir el verdadero y más noble modo de ser padres, nuestra mirada debe elevarse a Dios.



Es el mismo Jesucristo quien nos muestra al Padre como le dice a Felipe (Jn 14,8-9), y nos revela con lágrimas cuánto le hemos costado: “Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido! (Mt 23,37).

Artículo patrocinado.

Gracias a nuestra bienhechora Blanca E. González González por su donativo que hizo posible la publicación de este artículo. Blanca es mexicana, nació en una familia Católica por tradición, hoy ama y profesa la verdad plena de la fe Católica. Es una persona ampliamente bendecida por Dios y enamorada de Jesús Eucaristía. 

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