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El celibato
No es imposición ni desprecio al matrimonio


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



 “Hermanos: Quiero que estén libres de preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor” (1 Cor. 7, 32) «No todos pueden hacer esto, sino solo a quienes Dios se lo concede» (Mateo 19, 11); “En cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Les digo todo esto, no para ponerles restricciones, sino en bien de ustedes y para que vivan de una manera digna, sirviendo al Señor con toda dedicación (1 Cor. 7, 33- 35)

 

El ideal concreto de esa condición de vida consagrada es Jesús, modelo para todos, pero especialmente para los sacerdotes. Vivió célibe y, por ello, pudo dedicar todas sus fuerzas a la predicación del reino de Dios y al servicio de los hombres, con un corazón abierto a la humanidad entera, como fundador de una nueva generación espiritual. Su opción fue verdaderamente "por el reino de los cielos" (cf. Mt 19, 12). JUAN PABLO II AUDIENCIA GENERAL Sábado 17 de julio de 1993 

La lógica de la consagración en el celibato sacerdotal

Jesús no promulgó una ley, sino que propuso un ideal del celibato para el nuevo sacerdocio que instituía. Ese ideal se ha afirmado cada vez más en la Iglesia. Puede comprenderse que en la primera fase de propagación y de desarrollo del cristianismo un gran número de sacerdotes fueran hombres casados, elegidos y ordenados siguiendo la tradición judaica. Sabemos que en las cartas a Timoteo (1 Tm 3, 2.3) y a Tito (1, 6) se pide que, entre las cualidades de los hombres elegidos como presbíteros, figure la de ser buenos padres de familia, casados con una sola mujer (es decir, fieles a su mujer). Es una fase de la Iglesia en vías de organización y, por decirlo así, de experimentación de lo que, como disciplina de los estados de vida, corresponde mejor al ideal y a los consejos que el Señor propuso. Basándose en la experiencia y en la reflexión, la disciplina del celibato ha ido afirmándose paulatinamente, hasta generalizarse en la Iglesia occidental, en virtud de la legislación canónica. No era sólo la consecuencia de un hecho jurídico y disciplinar: era la maduración de una conciencia eclesial sobre la oportunidad del celibato sacerdotal por razones no sólo históricas y prácticas, sino también derivadas de la congruencia, captada cada vez mejor, entre el celibato y las exigencias del sacerdocio. ). JUAN PABLO II AUDIENCIA GENERAL Sábado 17 de julio de 1993 La lógica de la consagración en el celibato sacerdotal.



Pero quizá, antes, es necesario pedir la gracia de comprender el celibato sacerdotal, que sin duda alguna encierra cierto misterio: el de la exigencia de audacia y de confianza en la fidelidad absoluta a la persona y a la obra redentora de Cristo, con un radicalismo de renuncias que ante los ojos humanos puede parecer desconcertante. Jesús mismo, al sugerirlo, advierte que no todos pueden comprenderlo (cf. Mt 19, 10.12). "Bienaventurados los que reciben la gracia de comprenderlo y siguen fieles por ese camino! JUAN PABLO II AUDIENCIA GENERAL Sábado 17 de julio de 1993 La lógica de la consagración en el celibato sacerdotal.

Castidad es la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual según los principios de la fe y la razón. Por la castidad la persona adquiere dominio de su sexualidad y es capaz de integrarla en una sana personalidad, en la que el amor de Dios reina sobre todo. Por lo tanto no es una negación de la sexualidad. Es un fruto del Espíritu Santo.

¿Qué es la castidad? La castidad, no es otra cosa sino el dominio de la sexualidad por la razón para aprender a respetarse a sí mismo y a los demás «Quien pueda poner esto en práctica que lo haga» (Mateo 19, 12). Modo de  vida para conducirse y abstenerse (Virtud que consiste en refrenar las pasiones) voluntaria, consciente y libremente de todo apetito carnal.                                                                                                            

El sacerdote es un hombre como todos, con defectos y virtudes; solo con dos importantes diferencias, fue escogido por Dios (Jer. 1, 4 – 5) y es consagrado por Dios. «No todos pueden hacer esto, sino solo a quienes Dios se lo concede» (Mateo 19, 11), «La llamada del Señor convierte en libre al esclavo» (1 Corintios 7, 22), y hablando de de casados, y de sacerdotes. «Cada uno tiene de Dios su propio don: unos de una manera, otros de otra» (1 Corintios 6, 7)

Para realizar todo esto y más, se requiere de una verdadera vocación religiosa. El sacerdote, como dice la carta a los hebreos, es un hombre entre los hombres; sin embargo, tiene una gran responsabilidad: conciliar, reconciliar, unir, perdonar en nombre de Jesús y trabajar por la paz y la unión fraternal. El sacerdote es un pescador de hombres, un colaborador de Jesús en la tarea de conducir la mayor cantidad de hermanos hacia la salvación.



La vocación al sacerdocio es una llamada dentro de la gran particular para servir en Cristo y no un derecho


•    El sacerdote recibe de Cristo la misión y la facultad de actuar en su persona (in persona Christi Capitis).
•    No es un derecho ni un proyecto personal.
•    El Sacerdote debe renunciar a si mismo para actuar en Cristo, ya que ha recibido, por el orden sacramental, la misión y la gracia para actuar mas allá de sus posibilidades humanas. Por el don del Espíritu Santo los sacerdoes Sacra Potestas (poder sagrado) para ser ministros de la gracia (La Eucaristía, el Perdón).

El celibato no es desprecio al matrimonio. Ambas vocaciones vienen de Dios, son profundamente estimadas por la Iglesia y son caminos de amor y servicio.
 

 ¿Por qué el celibato?

La Iglesia siempre ha tenido el celibato en muy alta estima ya que Jesucristo fue célibe. El es modelo de la perfección humana. Hay quienes objetan pensando que nosotros no podemos imitarlo. Se equivocan. La verdad es que Jesucristo, siendo Dios, asumió verdaderamente la naturaleza humana, siendo igual que nosotros en todo menos en el pecado. El nos da la gracia para vivir, siendo hombres, su amor sobrenatural. Por eso Jesús recomienda el celibato como entrega radical por el Reino de los Cielos.





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