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El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante
Señor, Jesús, concédeme permanecer unido a ti.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia

Hechos 15, 1-6: “Se decidió que Pablo y Bernabé fueran a consultar a los apóstoles”

Salmo 121: “Vayamos con alegría al encuentro del Señor. Aleluya”

San Juan 15, 1-8: “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”

 



Señor, me impresionan tus palabras que me invitan a “permanecer”. Mientras el mundo me invita a un cambio frenético, a una carrera loca, a nuevas y más fuertes emociones, Tú me invitas a permanecer contigo, en tu amor, en tu fidelidad. Sí, ya entiendo que permanecer no es quedar indiferente ante las situaciones de injusticia o de dolor, sino todo lo contrario, comprometerse en serio y con decisión en la lucha por un mundo mejor.

Ya sé que permanecer no quiere decir inmovilidad, sino todo lo contrario: un dinamismo que surge de lo interior y que no se queda en agitaciones externas, sino que es una fuente que mana desde lo más profundo del yo, porque está animada por tu espíritu. Permanecer es estar cerca de ti y conocer tus pensamientos, tus opciones, tus criterios. Muchas veces hemos equivocado el sentido de tus palabras y nos hemos escudado en ellas para no asumir nuestras responsabilidades y quedarnos anquilosados en estructuras, en posturas e intransigencias. Nada más falso. Así como la vid se extiende con nuevos retoños y cada día tiene nuevos brotes, quien permanece unido a ti cada día tendrá nuevas ilusiones, nuevos planes y nuevas opciones para llevar vida… pero siempre unido a tu savia que sostiene y hace crecer, que anima y nos lleva por nuevos caminos.

Señor, quiero dar frutos. Me atemoriza que mis frutos no sean los que Tú esperas, que mis frutos solamente se queden en apariencias, en follaje, o, todavía peor, que se tornen en frutos amargos de hipocresía, de injusticia y de falsedad. Señor, concédeme este día permanecer unido a ti. Hay muchas cosas que me quieren separar y alejar de ti, principalmente mi propio egoísmo y mis propias inclinaciones… pero también las falsas promesas de felicidad de un mundo que me seduce con sus luces y que me invita a alejarme de ti y a separarme de mis hermanos. Señor, Jesús, concédeme permanecer unido a ti.

 







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