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Que todos te alaben sólo a ti, Señor. Aleluya
Su amor y fidelidad son incondicionales.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Hechos 14, 5-18: “Les predicamos el Evangelio para que dejando los falsos dioses, se conviertan al Dios vivo”
Salmo 113: “Que todos te alaben sólo a ti, Señor. Aleluya”
San Juan 14, 21-26: “El Espíritu Santo, que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas”

 

De repente, las palabras de Jesús me sonaron como las clásicas palabras de los padres que condicionan a sus hijos con el consabido: “si me quieres, harás tal y cual cosa…” O bien, “Si no haces esto, ya no te quiero…” 

Pero hay una diferencia substancial en la forma de expresarse de Jesús. Su amor y fidelidad son incondicionales. Él nos ama sin ningún condicionamiento. La grandeza de su amor estriba en que nos ha amado aún cuando éramos pecadores. Y que nos seguirá amando si nos vamos lejos de Él. Entonces, ¿qué sentido tienen sus palabras?  Nosotros somos libres de recibir o de cerrarnos a su amor. Aunque Él nos ame, la gran tragedia será que nosotros nos neguemos a recibirlo. La expresión de “cumplir sus mandamientos”, está muy lejos de la manipulación que nosotros hacemos con las personas que amamos, porque sus mandamientos nos permiten mantenernos en su amor. Estamos equivocados cuando los entendemos como límites y prohibiciones, tienen el sentido de condiciones y señales que nos permiten permanecer en su amor.

Con cuánta alegría se guarda la palabra de la persona que se ama, cómo se le busca y se lucha por encontrarla. Es el mismo sentido de estos mandamientos: nos llevan al encuentro con Jesús y nos colocan en el ámbito del amor del Padre.  Si asumimos el estilo de vida de Jesús, si guardamos sus palabras, si somos capaces de descubrir su presencia en los hermanos… tendrá, entonces, sentido nuestro amor a Jesús. Una de las maneras más ricas de hacer oración, es vivir en esta constante presencia de Jesús en nuestra vida y estarnos preguntando a cada momento: ¿Qué pensará Jesús de este acontecimiento? ¿Cómo amará Jesús a esta persona con la que ahora me encuentro? Será una gran riqueza vivir en la atmosfera del amor de Jesús y todas las circunstancias de nuestra vida adquirirán una nueva dimensión.



¿Cómo puede alguien odiar si siente la presencia de Jesús en su corazón? ¿Cómo vivir en tristeza si nos sabemos amados por Jesús y unidos con Él a nuestro Padre Dios? Todo se transforma por el amor y se concretiza en las acciones pequeñas de nuestra vida rutinaria vivida en el amor. Guardemos hoy las palabras de Jesús: “Si alguno me ama, cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y haremos en él nuestra morada”. Dejémonos amar y habitar por Dios y manifestémoslo en la actitud de nuestra vida.

 





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