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Seamos instrumentos de Unidad. Busquemos el bien de todos.
El México que queremos es posible.


Por: Redacción | Fuente: Catholic.net alianza con Voto Católico



Han transcurrido prácticamente cuatro semanas desde que iniciaron las campañas electorales de nivel federal, 24 días en los que el común denominador de la actividad política de los candidatos, continúa siendo la denostación, la mentira, las injurias y hasta el chascarrillo fácil.

Hace apenas un par de días se realizó el primer debate entre los cinco aspirantes a la Presidencia de la República, un encuentro que sin duda sobresalió por las innovaciones que el Instituto Nacional Electoral incorporo al formato del encuentro, logrando transformarlo de un modelo rígido y simplón, a un evento dinámico, que al mismo tiempo que permite el lucimiento personal de los debatientes, también demanda atención, preparación y cuando menos un mínimo conocimiento de técnicas de disertación y oratoria moderna por parte de los participantes.

Sin embargo la parte sustantiva del debate, que al menos en su naturaleza formal es la generación y transmisión de ideas que conecten con la audiencia, así como la construcción de razonamientos lógicos y congruentes que den sustento a sus planteamientos acerca de cómo quieren gobernar al país, no logro superar el nivel que los propios contendientes han decido imprimir a la elección presidencial, limitándose a externar en sus intervenciones datos imprecisos y argumentos falsos encaminados en la mayoría de las veces a demeritar la trayectoria personal y política de sus adversarios y sembrar un halo de duda y hasta temor sobre su desempeño.

Después de esta primera confrontación los electores nos quedamos con más interrogantes, qué al inicio de la misma, con un vacío de propuestas que difícilmente será llenado en los aproximadamente 65 días que restan a este periodo electoral.

Desafortunadamente lo que los candidatos si han logrado transmitir con toda eficacia es un discurso de encono, división y miedo, que hoy tiene confrontada a una buena parte de la sociedad mexicana, este enfrentamiento incluso ha alcanzado a los creyentes, hombres, mujeres y jóvenes qué atendiendo a su formación espiritual, deberían conducirse con prudencia, misericordia y caridad.    



En la actualidad la disputa ya no es únicamente entre quienes aspiran a gobernar los destinos de nuestra nación, sino que se ha convertido en una lucha entre hermanos quienes identifican la existencia de varios Méxicos, uno mejor, uno malo y otro indeseable, pugna que podría producir una sangría que difícilmente sanara.
Como católicos y ciudadanos de buena voluntad, debemos rechazar la confrontación, desterrar el odio, el voto del miedo. Hoy estamos llamados a ser instrumentos de unidad, debemos buscar el Bien Posible, identificar a la persona que represente la mejor opción para nuestro país, para todos.

Ello solo será posible si dejamos de pelear las batallas que los políticos deben resolver en su arena, y en su lugar aceptamos la generosa invitación que en diversas ocasiones nos han formulado nuestros obispos, para comprometernos a participar con un voto razonado, reflexionado y en conciencia, producto del análisis y discernimiento personal y familiar de las plataformas electorales, trayectoria y posturas de cada uno los candidatos en temas esenciales como: Derecho a la vida, dignidad humana, familia y libertad religiosa. El México que queremos es posible.
    
  







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