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Valieron la pena
Pude ver a Dios a través de las demás personas, tuve una probada de lo que es realmente Dios.


Por: Eduardo Landa Appendini | Fuente: Catholic.net



La vita non e facile, ma c´e un motore chiamato cuore, un´assicurazione chiamta fede e un guidatore chiamato Dio.


¿Pero cómo podemos saber si nosotros tenemos esa fe? Probándonos a nosotros mismos, saliendo de nuestra zona de confort, nunca conformarnos, y buscar acercar a Dios a nuestras vidas. Esto es lo más importante, ponernos a pensar, ¿realmente vivo cerca de Dios?, ¿realmente vivo como verdadero cristiano?, ¿realmente conozco a Dios?, ¿realmente estoy dispuesto a sacrificar todo por él justo como él lo hizo por nosotros?

Yo, hasta antes de estas misiones, era una persona que no tenía un motor de vida, que no conocía a Dios. Hasta que un día me detuve a pensar seriamente que iba a pasar con mi vida, y me di cuenta de que yo no conocía a Dios, yo nunca había tenido una experiencia en la que haya podido ver a Dios, así que decidí ir de misiones para probarme a mi mismo y buscar una experiencia en la que yo pudiera conocer a Dios.

Las misiones empezaron en parte como me lo esperaba, si con un ritmo pesado, pero yo muy contento, feliz de estar ahí, y yo dispuesto a dar todo. Y yo puedo decir que las misiones valieron la pena gracias a esta experiencia:

El martes, eran alrededor de las 4, estábamos en una actividad con los niños, cuando de pronto, un señor se acerca a nosotros, nos dijo que sabía acerca de los misioneros, por lo que podía confiar en nosotros, así que nos pidió ayuda. Nos dijo, “yo soy una persona alcohólica, soy alguien que vive lejos de Dios, yo me he alejado de él, incluso hace 8 años era fiscal del pueblo de Yaonáhuac (que es el pueblo que visité), y hace 6 años era parte de la Iglesia.” También había otro problema, este señor había abandonado a su familia, pero principalmente a sus hijas, incluso las había negado en la calle enfrente de todos. Por lo que otro problema para él era que sus hijas no querían hablar con él.



Primero que nada, especificar que mis 2 compañeros y yo no éramos los más indicados para hablar con esta persona. Lo primero que hicimos fue hablarle por teléfono a nuestro responsable, diciéndole de la situación y preguntarle sobre qué podíamos hacer. El nos contestó, primero con una disculpa por no estar ahí, luego nos dijo que habláramos con él, y que si las palabras no eran las más adecuadas que no importaba, pero que tratáramos de hablar a través del Espíritu Santo y que las palabras nos salieran del corazón. Por último, nos dijo que tratáramos de ver a Dios en otras personas.

Después fuimos con el señor y lo invitamos a la Iglesia, y ahí platicamos con él. También lo invitamos a rezar el Rosario con nosotros a las 6, y aceptó. Nosotros poco a poco empezamos a notar un cambio en él, le regalamos un Rosario y nos dijo que lo iba a cuidar con su vida y que con eso él iba a cambiar.

Finalmente, cuando íbamos camino a despedirlo, nos dijo: ¨yo voy a cambiar, ustedes van a ver, el día de mañana me verán en la Iglesia a las 10 para la misa, incluso a ver si después jugamos básquet, y gracias a ustedes, yo a partir de este momento voy a cambiar, voy a ser alguien diferente, y ustedes lo van a ver demostrado. ¨ Y se fue.

Nosotros no volvimos a ver a este señor, no sabemos si fue a la misa de las 10, no sabemos si recayó en el problema, para acabar pronto no sabemos si sigue con vida o no. Lo que nos queda es rezar por este señor.

Yo de esta experiencia me quedo con que pude ver a Dios a través de las demás personas, tuve una probada de lo que es realmente Dios. Y yo con esta experiencia puedo decir que las misiones valieron la pena.







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