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Dar el paso
Si el hombre se define por Dios, Él transformara los corazones llenándolos de su amor.


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net



La Biblia es la historia de amor más grande y maravillosa. Historia que queda sellada con la entrega de Dios en la persona del Hijo Jesús. Él cómo buen pastor por amor, se ofrece a la muerte más cruel, para rescatar al hombre del pecado, hacerlo hijo de Dios y abrirle las puertas del cielo.

Juan evangelista define su esencia “DIOS ES AMOR”. Amor que quedó estampado en su corazón traspasado de amor por cada persona.

Ese amor, ese corazón de Dios habló a través de Santa Margarita María Alacoque” He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento del amor”.

A pesar de ello, ‘Dios sigue amando, buscando, él ve la necesidad actual del hombre que camina sin brújula, sin rumbo, que vende su voluntad a cambio de coloridas luces de estrellas artificiales, de cantos de sirenas que ofrecen “la felicidad”. Que le sugieren la muerte con palabras engañosas y sugestivas llamándola “interrupción del embarazo” que imponen “el nuevo orden” que va contra la razón.

La “ideología de género” que invita a elegir lo que se quiere, ser hombre o mujer, pudiendo cambiar de sexo cuantas veces se desee. De esta forma se va contra la naturaleza que señala el ser hombre o mujer desde la concepción, también presenta el asesinato como muerte asistida”, y promueve   la promiscuidad, y adulterio, como “libertad sexual”, al mismo tiempo exalta el “culto al cuerpo”  fomentando la ley del descarte, el úsese y tírese, causando dolor en las personas en las familias, estos son solo unos aspectos en que se percibe dónde está parado el hombre de hoy.



Ante esta situación el amor de Dios sale de nuevo, se encamina al encuentro del hombre, le extiende de nuevo sus brazos desde su corazón, regalándole como don las últimas gotas de sangre y agua que brotan de su corazón traspasado Y en un continuo acto de su amor infinito, invita a beber de la fuente de vida, de su corazón, todas las gracias. Solo pide un primer paso lavar en el agua que sale de su corazón todos los pecados, no importa la gravedad ni el número de los mismos. El a través del bautizo y la confesión dejará el alma más blanca que la nieve. Una vez preparados con la vestidura blanqueada se pueden acercar a recibir su mismo corazón en la Eucaristía como, alimento que da amor fortaleza, nueva vida.

La Divina Misericordia desborda sus gracias sin medida, fijando sus ojos con especial ternura en los más grandes pecadores. Solo pide a la persona que entregué todas sus debilidades, sus fallas.

La Divina Misericordia revela cual es el regalo que más le agrada. El amor y la confianza. Amor que corresponda un poco al gran amor que él ofrece. La invitación es rendirse a su amor. Repitiendo en los diferentes momentos de la vida JESÚS CONFÍO EN TI” El da en abundancia a quien confía más. Invitando a recordarlo a las tres de la tarde, la hora en que él muere. En esa hora prometió derramar gracias a manos llenas para la conversión de los pecadores, para liberar al hombre de ataduras externas e internas.

Si el hombre se define por Dios, y   le da su sí, si se pone en sus manos. Él transformara los corazones llenándolos de su amor.  El hombre así nutrido, alimentado con ese amor está llamado a agradecer a su Señor, saliendo al encuentro del hermano necesitado, dando ese paso de cercanía, de amor, de misericordia que tanto agrada a Dios.
 







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