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Las Misiones, una Bendición
El ir de misiones es un acto de entrega y amor.


Por: Pedro Ávila | Fuente: Red de Comunicadores Católicos



Varias Familias, jóvenes, niños se organizan para viajar a pueblos distantes de su hogar, en plenas “vacaciones” de Semana Santa para extender un mensaje a sus semejantes, donde además las condiciones de vivienda y comida no son las mejores y donde no se descansa y el trabajo es arduo y continuo. Esto podría parecer un capítulo romántico de una novela del siglo XIX, un cuento mágico lleno de aventuras o un pasaje proveniente de la imaginación de un escritor sentado en la mesa de su casa, dándole cuerda a su mente recreando situaciones difícilmente creíbles. Pero la realidad es que el salir de casa para en Semana Santa para extender el Evangelio es una tradición de 25 años o más en el tiempo, que ha logrado cambiar la historia para muchas familias que se han dado cuenta que en el dar, está la felicidad.

La Iglesia, siempre está necesitada de ayuda, la labor de extender el mensaje de Cristo, siempre ha sido inmensa, y hoy en este Siglo XXI en muchos países del mundo, son las familias que escuchan el mandato evangélico de “Id por todo el Mundo y Predicad el Evangelio a todas las Naciones". Un Mensaje de Cristo, que es dirigido a todos los creyentes en sus palabras y que no eximen a nadie de llevar su mensaje de Amor. La Labor de los sacerdotes no abarca todo lo que se quisiera, y por ende hacer Misiones, conlleva una gran importancia en la labor de evangelizar a nuestros semejantes apoyando a Nuestra Santa Madre Iglesia.

La alegría que siempre se recibe al dar nuestro tiempo a los demás es incomparable y no hay cansancio que valga, todo lo que hacemos cuando trabajamos por la causa de las almas, es poco en comparación con lo que recibimos de parte de Dios. La sentencia de Cristo, es clara,” El ciento por uno en esta vida y en la que sigue”. Dejarnos llevar por el amor a nuestros hermanos es el mejor premio que podemos recibir en el peregrinaje de esta vida hacia la Casa del Padre. Recordemos que nosotros hemos recibido cantidades de dones y bendiciones por parte de un Dios que no ha dejado de mimarnos con un cariño enorme y tan solo el regalo de la Vida que recibimos gratuitamente, es motivo como para tratar de corresponder de forma concreta tanto amor.

Así, el ir de misiones es un acto de entrega y amor, sin contemplaciones donde la idea es darnos totalmente a la causa del Amor total representado en las necesidades espirituales de hermanos nuestros que viven en comunidades donde la figura sacerdotal no es tan frecuente y los seglares podemos dar un empuje fuerte a la Palabra de Cristo. Recibimos mucho más de lo que damos y nuestro agradecimiento a Dios, por la oportunidad de colaborar con él en la extensión de su Reino debe ser permanente. “La mies es mucha y los obreros pocos”, una frase donde Jesús pide trabajadores para su viña, que de sol a sol piensen en lo maravilloso que es poder ser desprendidos, generosos, amables, constructores de una sociedad donde pueda reinar la buena nueva que El, nos dio hace 2,000 años y que sigue más vigente que nunca en un mundo que pide a gritos que haya hombres y mujeres capaces de hacerse uno con todos los que necesitan amor.





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