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Promesa del Redentor
Caída, la Creación.


Por: Margarita Gonzalez | Fuente: Catholic.Net



El pecado surge cuando el hombre escucha la voz del maligno, haciendo caso omiso de las indicaciones de Dios, dadas para su propia seguridad y felicidad, su permanecia en el Reino de Dios.

Los Ángeles, creaturas llamadas a la existencia por el Amor de Dios, son seres celestiales que brindan especial contento al Corazón de Dios, que ve en ellos la perfección que es la norma de su Creación.

Algunos de estos seres maravillosos, ven con desagrado el deseo de Dios de otorgarle al ser humano su imagen y semejanza, y abandonan el Cielo, y luchan por arrancar del hombre su  estatura superior.

 

Los Ángeles son seres especiales que cumplen una misión de apoyo a los planes de Dios, de devolver al hombre su estatura superior, y que por causa del pecado original, disminuye gravemente, creándoles dependencias de medios propios a su nueva estatura y condición.



El pecado cometido por Adán y Eva fue que escucharon las voces del maligno, que les tienta a cometer desobediencia a la Voluntad de Dios.

Dios disminuye la consecuencia de esta falta, proyectando sobre ellos la Luz de la Esperanza al prometerles enviar un Salvador.  Un ser ajeno a toda culpa y mancha que con su obediencia repare la desobediencia que les causa aflicción.

El ser humano delinque y falla.  No hay en el mundo  nadie capaz de cumplir esta misión; reparar por la falta ajena que traiga nuevamente al hombre Estatura Original, como lo quiere Dios.

 

Así, el hombre camina con la esperanza cierta, que los profetas les recuerdan, de que pronto estará entre ellos, el Mesías prometido, el Salvador y Redentor.



Redentor: Recordando el ejemplo del pajarito que está en la jaula, y alguien, bondadoso lo deja libre, lo salva, pero Redención es ponerse él en lugar del pajarito, en la jaula, ocupando su lugar y sus consecuencias: Redención.--   

 

La caída del hombre obstaculiza la relación que había en un primer tiempo entre el hombre, --Adán y Eva—y Dios.

La relación de amistad y protección con la que Dios abrigaba al hombre, es Testimonio de Amor Perfectísimo que abriga siempre en su Corazón, al darle al hombre perfección de Amor, al otorgarle su misma Imagen y semejanza, garantía de permanencia en su presencia, en su Amor.

 

El pecado orilla al hombre a abandonar su estatura superior, haciéndose cada vez más dependiente de lo que su mengua le acarrea, obstáculos y dificultades para ser felices, como fue el propósito de su Creación.

Ahora el hombre es presa fácil del pecado que lo humilla y ensoberbece su corazón, al creerse superior incluso al propio Dios, que con tanto esmero y cariño lo creó.

Las dificultades obligan al hombre a buscar prebendas y asociaciones delictuosas que menguan, aún más, su estatura interior.

 

Dios ve la condición de indefensión del hombre ante sus propios actos, delitos y obstáculos que nublan su corazón, haciendo la promesa de enviar un Salvador que restituya la Gracia dañada, y que es preciso recuperar.

El motivo de Dios de prometer un mesías salvador es porque ama al hombre como a su propio Hijo, y desea restituirle su Estatura perdida, para su propia felicidad, (del hombre y de Dios). 

 

Así, en el devenir de los tiempos, el hombre se pierde en angustias y guerras que menguan aún más su corazón, empequeñecido con odios y afrentas con las que humillan a sus propios hermanos, (seres humanos), a sus conciencias y corazones, y agreden a Dios.





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