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Reflexión del evangelio de la misa del Domingo 22 de abril 2018

El amor del pastor; IV Domingo de Pascua
Dios como el Pastor en franca oposición a los reyes y gobernantes que con frecuencia solamente se aprovechan del rebaño


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Lecturas:

Hechos de los Apóstoles 4, 8-12: “Ningún otro puede salvarnos”.

Salmo 117: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”.

San Juan 3, 1-2: “Veremos a Dios tal cual es”.

San Juan 10, 11-18: “El buen pastor da la vida por sus ovejas”.



El Papa Francisco obstinadamente recurre a una imagen que ha sido muy apreciada en toda la historia de la salvación: el pastor, como signo de entrega, de generosidad, de cercanía y de conocimiento. En el evangelio de hoy Jesús utiliza esa figura muy bella para su tiempo, ¡muy lejana para nuestros tiempos! Y sin embargo la realidad es la misma y no es difícil comprenderla aunque no hayamos experimentado estas labores. La Biblia está llena de expresiones que se refieren a Dios como el Pastor en franca oposición a los reyes y gobernantes que con frecuencia son considerados malos pastores que solamente se aprovechan del rebaño. Ezequiel tiene expresiones durísimas contra los responsables de la comunidad que se aprovechan de ella, los acusa de injusticias y de corrupción. Son doblemente culpables pues ellos deberían ser quienes proporcionaran alimentos, seguridad y protección a los rebaños. En oposición a ellos se sitúa Cristo como el Buen Pastor. ¿Qué imagen nos evoca a nosotros?

Choca con la mentalidad de nuestro tiempo la imagen que nos presenta Jesús porque normalmente vemos todo con signo de pesos. Si se tiene una gallinita o una vaca o un borreguito, se le tasa por el dinero y los beneficios que se  pueden obtener de ellos.  Pero precisamente a esta actitud es a la que se opone Jesús cuando nos presenta esta figura: es el amor incondicional y sin intereses, es el conocimiento de cada persona y es el valor que en sí misma que tiene.  Va en dirección opuesta a esa comparación que se hace de las multitudes refiriéndose a ellas como “borregos”, aduciendo despersonalización y acarreo por parte de líderes irresponsables sobre personas muy manipulables. Muy lejos está Jesús de estas intenciones. Precisamente nos presenta lo contrario. Y al ponerse Él como el buen pastor, nos obliga a reflexionar a todos nosotros: autoridades, padres de familia, gobernadores, maestros y todos los que tienen alguna responsabilidad sobre personas; y nos cuestiona sobre el modo como realizamos nuestra labor de “pastoreo”. En este momento en que están en efervecencia los procesos electorales también es un buen parámetro para definir sobre cuál sería el perfil de un buen candidato, si da la vida y da vida a la comunidad, si conoce, si se acerca, si comparte el dolor, el sufrimiento y el hambre.

El conocimiento de una persona y de una comunidad, es básico para poder amarlas. Nos desconciertan los candidatos que hoy aparecen por un lugar y a los pocos días ya están en otro diciéndoles que aman entrañablemente  a ese pueblo, cuando parecen más bien veletas que se dirigen a donde las lleva el viento. Conocimiento de la región, de las personas, de sus cualidades y defectos, de sus necesidades y oportunidades, son básico para un buen pastor. Si no, hoy estarán en un lado y mañana en otro. La propuesta de Jesús también es un buen examen para los papás y maestros: necesitan conocer a sus hijos y a sus alumnos, sólo así podrán educarlos y ayudarlos. Cristo nos conoce porque se ha hecho uno de nosotros, porque comparte, porque sufre con nosotros. Es modelo de acercamiento y acompañamiento. Tenemos la seguridad de que está con nosotros. Como dice el Papa Francisco “huele a oveja” porque comparte nuestra vida.

Jesús es el buen pastor porque da la vida por sus ovejas, como nos lo repite el texto de este día hasta tres veces. Quizás la imagen del pastor induciría a alguno a sentirse distinto de las ovejas y por encima de ellas, pero las palabras que acompañan a la imagen dicen lo contrario: es bueno, da la vida, conoce, atrae, reúne. Muy fácilmente Jesús pasa de ser pastor a ser cordero porque aparece como solidario, como víctima, pero también como guía, entregado por completo a su grey. Frente a Él se sitúan los mercenarios, los asalariados, los explotadores, todos ellos pastores sin vocación. No buscan la vida de la oveja, sino aprovecharse de ella, no buscan el bien de la comunidad sino servirse de ella. Qué tristeza que a nivel internacional se nos juzgue como uno de los pueblos más corruptos y donde, a pesar de la riqueza natural, hay más pobreza, más miseria y destrucción precisamente por culpa de autoridades que debían cuidar a su pueblo.

Si de Cristo decimos que muy fácil pasa de ser considerado pastor a ser presentado como oveja, nosotros podemos aprovechar también las dos imágenes. Unas veces nos sentiremos incluidos en el rebaño, otras nos consideraremos la oveja perdida. A veces más bien deberemos asumir responsabilidades y actitudes de pastor. Hoy esperamos oír su voz y seguir el buen camino que nos guíe a pastos suculentos. Escucharemos sus silbos amorosos que nos llaman a formar un solo redil, no tanto refiriéndose a un lugar muy especial, sino al amor revelado en Jesús y proclamado por su palabra. Como oveja: ¿cómo escucho su voz, cómo busco la unidad, cómo recibo la vida? Como pastor: ¿conozco y doy vida a quienes dependen de mis cuidados? ¿Reconocen ellos mi voz porque he estado cerca y compartiendo con ellos? Hoy será un buen examen tanto para ovejas como para pastores.



Padre bueno y misericordioso, guíanos a la felicidad eterna de tu Reino, a fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo pueda llegar seguro a donde ya está su Pastor, resucitado. Amén.

 

 





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