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Las obras del Señor son admirables. Aleluya
Hoy nos ponemos en manos de nuestro Padre Dios y nos confiamos a su providencia


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Hechos 8,1b-8:  “Al pasar de un lugar a otro, iban difundiendo el Evangelio”
Salmo 65: “Las obras del Señor son admirables. Aleluya”
San Juan 6,35-40: “La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna”

 

“Dios escribe derecho con renglones torcidos”, dice un antiguo refrán que citaban nuestros abuelos cuando las cosas no parecían ir conforme a los criterios humanos pero que al final resultaba una cosa positiva. La primera lectura de este día nos ofrece un ejemplo muy claro: una persecución a nadie se le desea y siempre es tenida como una terrible calamidad. Sin embargo, la persecución que sufrieron los primeros cristianos al obligarlos a dispersarse trajo el beneficio del que el Evangelio se fue difundiendo por todos los lugares donde iban huyendo.

Cristianos que no se habían propuesto misionar, pero que con su vida llevaban buena nueva y obraban los prodigios, señales del Evangelio. A nosotros nos cuesta mucho trabajo entender los caminos de Dios y con frecuencia renegamos cuando las cosas no salen conforme a nuestros planes y proyectos, pero Dios nos tiene algo mejor, si de verdad nos ponemos en sus manos y en nuestro corazón está plantado el deseo de vivir conforme a su voluntad. ¿Que hay dificultades y rechazos? ¿Que las personas no actúan conforme a lo que a mí me gustaría?  Es verdad, pero siempre trato de hacerme esta pregunta: ¿Cómo quiere Dios que actúe yo frente a estas dificultades y aparentes fracasos? 

Y encuentro como una especie de consolación al tener la certeza de que me tiene reservado algo mejor, y aunque de momento no tenga las luces que me ayuden a saber por dónde van sus planes, me siento seguro en sus manos. Claro, si yo estoy haciendo todo lo posible por vivir conforme a su amor. Otra cosa muy diferente es cuando yo me dejo llevar por mis caprichos, mis placeres y mis egoísmos. Las palabras de Jesús, después de haber afirmado que Él es el pan de vida, vienen a confirmarnos en esta seguridad: la voluntad del Padre es que todos tengan vida. Esos son los proyectos de nuestro Padre Dios y para eso nos ofrece a Jesús hecho palabra y hecho pan. No me puedo imaginar a un Dios que sea venganza y destrucción. Todo lo contrario, siempre experimento a Dios como el Dios de la vida plena y total, para todos los hombres. Hoy nos ponemos en manos de nuestro Padre Dios y nos confiamos a su providencia, aunque de momento aparezcan situaciones de oscuridad y de duda. Estamos en las manos de Dios.



 





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