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Amar al Enemigo nunca ha sido tan Fácil
Aprender a ver la realidad con los ojos de fe.


Por: Juan de Dios Castillo Encinas | Fuente: Catholic.Net



                                                                                                                                    (Lc 24, 35-48)

 

Hoy por hoy que nadie se atreva a decir que predicamos un evangelio de saldo de rebajas. Juntar PERDÓN y ENEMIGOS es lo más difícil, lo más exigente, la cumbre de nuestro ideal moral. Es un acto revolucionario singular: antes de cambiar el mundo, necesitamos cambiar nosotros mismos. El mundo repite: “AL ENEMIGO, NI SIQUIERA UN VASO CON AGUA, ES MÁS NI AYUDARLE, QUE SUFRA”. Pero Jesús dijo en la cruz: “Perdónales, no saben lo que hacen”. Y nosotros lo repetimos en el Padrenuestro o es que ya no lo recuerdas.

 

Hay una idea que recorre las tres lecturas del  domingo pasado. Es la del perdón de los pecados. Es un perdón que va más allá de todos los límites y que nos abre a nuevas posibilidades de vida, a una nueva esperanza. Para los que han convertido su vida en un desastre, Dios abre nuevos caminos. No está todo perdido porque el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos es el Dios del perdón misericordioso, no el de la venganza. 



 

Es así como en la lectura de los Hechos de los Apóstoles recoge uno de los primeros discursos de Pedro a los judíos. Habla a unos sorprendidos israelitas que han sido testigos de una curación milagrosa. Y les dice que eso no es nada, que lo más importante es la resurrección de Jesús, al que ellos habían matado, que ha sido Dios quien lo ha hecho. Ése ha sido un verdadero milagro. Y lo mejor es que en su nombre todos nos podemos arrepentir y nuestros pecados se borrarán. En la segunda lectura, Juan nos habla de cómo todos tenemos un abogado ante el Padre que pide siempre por el perdón de nuestros pecados. Ese abogado es Jesús. Él murió no sólo por el perdón de nuestros pecados sino por los del mundo entero. 

 

Por lo tanto, en este mundo hay que aprender a ver la realidad con ojos de fe, aprender a confiar en los demás: aprendamos a amar, bendecir, orar. Antes que nada, practiquemos estas palabras con nuestros enemigos, con los que nos maldicen, con quienes nos desean lo peor. Y el primero que nos da un ejemplo muy claro es Jesús, él nos pone imágenes espero y las recuerdes: pon la mejilla al que te abofetea, dale la túnica a quien te quita la capa. Por qué las razones que nos da el Señor, pues son muy fáciles, no implican esfuerzos y estas son: No solo es amar a los amigos, sino dar un paso más. Dios es bueno con los malvados y desagradecidos. Es decir, amar a todos sin condiciones, amar a todos sin excepción. ¿Verdad que no es fácil? ¿Verdad que nunca lo has hecho?

 



Este comportamiento es muy difícil, nos parece sobrehumano.  Nos desbordan estas palabras de Jesús. Sin duda alguna estamos tan acostumbrados al ojo por ojo… Es cierto que somos, hay que comprender al que está muy herido, y se siente incapaz de perdonar. En todo caso sin rebajas de entrada, no se pide colmar de bendiciones al enemigo, pero sí cultivar una actitud buena hacia él.

 

A los hombres, también a los cristianos, nos viene antes la justicia humana que la misericordia evangélica. Cuando nos llega la ira y el odio, el corazón nos convoca a la venganza. Y no es condición para el perdón. Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, igualmente.

 

Y es así que en el Evangelio el mensaje del perdón se mezcla con otro mensaje que también nos llega muy adentro al corazón: el mensaje de la paz. Jesús resucitado se aparece a sus discípulos y lo primero que hace es desearles paz. No es un fantasma el que se aparece. Es el verdadero Jesús. Cuando le reconocen, la alegría llena a los discípulos. Se quedaron atónitos. No sabían que decir. Le habían visto muerto en la cruz y ahora le ven vivo a su lado. Jesús les explica que todo ha sucedido tal y como lo habían anunciado los profetas. Y como en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos.

 

      Y es así, como el Evangelio corona el mensaje con la paz. El perdón trae la paz a los corazones de las personas y a la sociedad. Quizá Jesús nos esté diciendo que no hay otra forma de alcanzar la paz, la verdadera paz, sino a través del perdón. Quizá nos esté insinuando que la venganza nunca ha sido camino para alcanzar la paz sino una mayor violencia, porque la venganza sólo es capaz de crear más violencia y muerte.

 

Recuerda y no lo olvides: Otorgar el perdón nos libera de todo lo malo, nos humaniza, nos hace más felices. El amor gratuito cambia nuestra vida. Saber ceder, aunque poseamos el derecho, hablar al que no nos habla, acudir a los momentos tristes de otro que no acude a los nuestros, buscar la paz cuando se rompe el amor entre dos, y tantas ocasiones, prueba muy bien que somos hijos de Dios. Por lo tanto, que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza.

 





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