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Espíritu Santo ¿Quién eres?
¿Por qué era urgente la presencia del Espíritu Santo?


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net



Jesucristo, el Salvador del mundo declaró: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré.” Jn 16, 7.

Es necesario que Jesús se vaya para enviar al Protector, al Consolador, al Santificador.

¿Quién podía desear que te fueras Jesús?  Tu presencia, sanaba, consolaba, devolvías la vista a los ciegos, hacías hablar a los mudos, caminar a los cojos y tullidos, incluso diste vida a los muertos. Además, hablabas como quien tiene autoridad, enamorabas los corazones que dejando todo, te seguían.

¿Por qué era urgente la presencia del Espíritu Santo?, ¿qué regalos traía? Hablabas de fuego, de amor, de renovación, y después puntualizas cuáles son esos dones y frutos del Espíritu Santo. Parecen inalcanzables, algunos de ellos son; sabiduría, inteligencia, fortaleza, piedad, consejo, amor, gozo, paz, fe, paciencia.

Ya nos has entregado tu vida en la cruz, nos diste la Eucaristía, nos entregaste a tu Madre, como madre nuestra. ¿Más regalos?, ¿acaso el hombre es capaz de apreciarlos, de recibirlos?, ¿Por qué es que no se ve con mayor fuerza ese poder transformador de tu espíritu en el mundo?



Afirmas que sí, que es muy sencillo. ¿Dónde está la sencillez?
Imitar a Juan, el discípulo fiel. Pides que el hombre ponga su cabeza sobre tu corazón, que escuche tus latidos, tus deseos, tus sueños, tus planes que no son otros que el hombre logre la mayor plenitud y felicidad. Señor ¿qué es lo que me dices?, quieres el volante de la propia vida, ¿quieres que la libertad, que es regalo tuyo por amor y con confianza, la deje en tus manos?

Tú conoces el barro del hombre, sabes que sin ti no puede nada. Ofreces ayudas que lo hagan recordar su origen y la razón de su existencia. Hecho a imagen de su Creador, llamado a ser reflejo tuyo. Imposible sin la ayuda del Espíritu Santo que trae el fuego de tu amor al mundo, que consuela al triste, que sana al enfermo, que baña los desiertos humanos con sus torrentes de agua viva.

El hombre sale ganando porque donde está el Espíritu Santo está el Padre, el Hijo y la Madre del Cielo.

La Santísima Trinidad quiere que cada hombre sea imagen tuya, mensajero que refleje parte de la grandeza de su Creador para cambiarse a sí mismo, la familia, la sociedad, el mundo.
Solo necesita rendirse ante ti, pedirte que seas el Señor de su vida, que guíes su barca, con la certeza de que, aunque camine por valles oscuros no debe temer, ya que le das seguridad, pides su poco, su sí y le das en abundancia.

 



 

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