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¿Rey yo?
David, Salomón y [inserta tu nombre aquí], los grandes reyes


Por: Pablo Vidal García | Fuente: Catholic.net



¿Yo rey? ¿Pero cómo? Si yo soy laico, no puedo ser rey… Pues déjame recordarte que no solo eres rey, sino también eres ¡sacerdote y profeta! Ya en otros artículos habíamos hablado sobre la triple función sacerdotal, profética y real que adquirimos en el Bautismo, enfocándonos a la parte sacerdotal y profética. Así que ahora analizaremos qué conlleva en nuestra vida diaria el ser también reyes.

Cuando pensamos en un rey, lo más probable es que vengan a nuestra mente imágenes de riqueza, palacios y joyas. Estas no son precisamente las características que nosotros como católicos tenemos como reyes, pero hay dos cosas por las cuales tenemos este título.

Libertad. Cuando se habla de un rey suele también llamársele soberano, esto es porque tiene soberanía o libertad. Él es quien tiene el poder sobre su reinado y puede tomar sus propias decisiones. Sabemos que Cristo es Rey y Él mismo nos quiere compartir su soberanía. ¿Pero sobre qué tenemos esta libertad soberana? Sobre el reino del pecado.

Cuando Jesús murió en la cruz por nosotros, lo hizo para liberarnos del pecado, de ahí que ahora podamos decir que esta función de reyes implique que ya no somos esclavos del pecado. Y en lo práctico, esto significa que no existe tentación que no podamos vencer.

Como nos dice San Pablo tenemos "la libertad de los hijos de Dios" (cf. Rom 8, 21), por lo que sin importar cuál sea la situación, siempre seremos capaces de decidir evitar la tentación. En ocasiones, puede parecer que no tenemos más opción que caer en el pecado, pero cuando esto pase no te olvides que eres rey y que tu reinado te hace más fuerte que la tentación.



Servicio. La otra cara de nuestra función como reyes debe ser la de imitar el reinado de Cristo. Como bien sabemos, Él, que es Rey, no vino a ser servido sino a servir. Si cuando Santiago y Juan se le acercaron a pedirle que les diera un lugar importante a su derecha y a su izquierda, la respuesta que obtuvieron fue: “El que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos” (Mc. 10, 43), con cuánta más razón, nosotros que somos reyes debemos de estar al servicio de los demás. Y esto es algo que podemos poner en práctica muy fácilmente, pues no implica grandes obras, sino pequeñas acciones cotidianas, pero, sobre todo, un cambio de actitud interior. Implica que estemos atentos a las necesidades de los demás, especialmente de los más cercanos a nosotros y que estemos dispuestos a ayudarles, incluso sin que nos lo pidan.

El Papa Pablo Vi escribía en Lumen Gentium que: “también por medio de los fieles laicos el Señor desea dilatar su reino: reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz (LG, 36)”. Por lo que te aseguro que, si te sabes rey, con el poder para vencer el pecado, pero también para ponerte al servicio de los demás, podrás cumplir mejor con este llamado a instaurar el reino de Dios en el mundo.

 





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