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El gran patrimonio espiritual de las tradiciones populares católicas.
Cultura popular milenaria para acercarse a Dios


Por: Javier Ordovàs | Fuente: Catholic.Net



En las temporadas de grandes festividades cristianas como Navidad o Semana Santa, en el entorno en que me muevo, puedo observar como grupos protestantes, como los evangélicos, se benefician de los días vacacionales, como muchos ciudadanos, sin sentirse personalmente implicados en esas celebraciones. Respetan, calladamente, unas festividades que, inevitablemente, deben aceptar.

En mi país, solamente una vez al año, los evangélicos se reúnen multitudinariamente para escuchar a sus ilustres y emotivos predicadores. No conozco ninguna otra tradición de estos grupos.

Esta observación, digamos sociológica, me llevó a una reflexión más extensa.

Desde el inicio de la Iglesia, conforme anunció Jesucristo, el Espíritu Santo no ha dejado de promover una vitalidad espiritual imparable.   

La Iglesia durante más de 20 siglos, con la luz del Espíritu Santo, ha generado un sólido cuerpo doctrinal, recogido y muy  simplificado, en el Catecismo de la Iglesia Católica.



Además ha esculpido una liturgia oficial, para los actos de culto a Dios, con sólido fundamento espiritual, teológico y bíblico, acompañada de gran belleza artística y musical.

Pero junto a toda esa riqueza, que me atrevo a llamar, institucional, el Espíritu Santo ha dado impulso a una interminable vitalidad espiritual popular que la Iglesia ha respetado, canalizado y fomentado.

Así, junto  a las oraciones oficiales como el Credo, y todas las litúrgicas, han surgido y siguen surgiendo  plegarias y canciones religiosas populares mantenidas de generación en generación, nacidas localmente y mantenidas privadamente por los fieles católicos.

Entorno al calendario oficial de fiestas de Jesucristo la Virgen y los Santos, en cada pueblo, ciudad y parroquia han nacido tradiciones y festividades locales.  Han nacido patronos y patronas, locales de pueblos, ciudades, países, y profesiones.

La propia vitalidad popular ha creado, según los estilos artísticos de cada época,  tanto imágenes (esculturas), como pinturas, música, arquitectura,



Y no digamos la riqueza literaria de obras de carácter espiritual o religioso, tanto en prosa, como teatro, poesía, aparte de  los grandes aportes filosóficos, teológicos o místicos. Sin olvidar las grandes aportaciones a otras ciencias, desde las matemáticas a la astronomía, pasando por la física, la medicina,…

Grandes obras maestras, en todos los ámbitos artísticos, son creadas por artistas católicos.

La Iglesia ha tenido especial cuidado en velar por la correcta moralidad de  devociones particulares, milagros, apariciones, revelaciones privadas.

El Espíritu Santo, ha dejado esculpido, a través de los fieles católicos enormes bellezas arquitectónicas, que forman parte del patrimonio de la humanidad: Catedrales, Monasterios, y miles de Iglesias, Santuarios, Ermitas, hasta los lugares más recónditos del planeta.

Todavía se conservan hermosos, campanarios y campanas, hasta asociaciones de campaneros, se hacen romerías a lugares marianos, procesiones que empujan la devoción a Jesucristo, la Virgen y los Santos mantenidas y promovidas por la sencilla piedad popular.

Se realizan Vía Crucis, se ven Cruces y  cruceros en cualquier esquina.

Los cristianos han difundido el uso personal de medallas, crucifijos  y escapularios.

Dentro de la Iglesia, en cada época, el Espíritu Santo ha promovido las  numerosísimas órdenes religiosas antiguas y modernos movimientos e instituciones actuales de laicos.

Durante veinte siglos, las grandes figuras de los Santos, nos han servido como ejemplo de las muy diversas maneras de imitar a Jesucristo, como único modelo perfecto. También recientemente han surgido líderes espirituales modernos como San Juan Pablo II, la Santa Teresa de Calcuta, San Josemaría,…

Volviendo al inicio de este escrito, es imposible que toda esa riqueza y vitalidad pueda crearse desde unos pastores y unas iglesias que carecen de la solidez doctrinal, de la antigüedad histórica y  de la universalidad. La vida de esos templos depende de la efímera vida de cada uno de sus pastores.





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