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¿Está conmigo?
Jesús ha resucitado, cumplió su promesa de Vida Eterna.


Por: Maria Luisa Martinez Robles | Fuente: Catholic.Net



Hoy es un día especial para nosotros. Celebramos  que Jesús ha resucitado. Cumplió su promesa de vida eterna. A pesar del tiempo pasado, está demostrado que Cristo resucitó. La Sabana Santa de Turín, la imagen impresa del cuerpo de Jesús no tiene otra explicación. Su cuerpo no apareció. Hay otras evidencias de su resurrección.

A nosotros no nos hace falta explicaciones, tenemos fe y eso nos basta para pensar que las dificultades, enfermedades y desgracias que hay en este mundo, se acabaran porque Jesus ha resucitado y nosotros con Él. Tenemos  la alegría y la esperanza de que estaremos, como Dimas, en el Paraíso cuando nos llegue la hora. Para ello debemos seguirle, creer en Él y tenerle con nosotros. Debe formar parte de nuestra vida cotidiana. Limitarnos a ir a Misa los domingos, comulgar de vez en cuando y rezar cuando necesitamos algo, no es suficiente. Será nuestro confidente, nuestro mejor amigo, le encontraremos en la gente que nos rodea. Ha llegado el momento de preguntarnos ¿está conmigo? Si no es así vayamos a su encuentro, nos espera, ha resucitado.

 

Actuamos

Ante nuestras dificultades, estaremos alegres. Son pasajeras. Seremos comprensivos con los que sufren y procuraremos consolarles.




Del Santo Evangelio.

Juan 11:25-26

Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.

 

Una bonita historia para pensar



 

Agradecer lo bueno

 

Cuidaba de su padre. Era un anciano, paciente, alegre y cariñoso a pesar de su edad y de su enfermedad. Ella le daba sus medicinas, hacia su comida, limpiaba y compraba para él. Rafael, así se llamaba, no podía moverse, apenas veía y oía con dificultad. Tenía un humor excelente. Siempre recordaba un chiste para contar a sus nietos cuando venían a verle. Jamás se quejaba de sus dolores, es  más decía que sentado en la silla de ruedas podía ir tranquilamente a cualquier sitio. Se ponía unas letras enormes en su ordenador para leer y con la voz dictaba sus correos al ordenador para comunicarse con sus amigos de medio mundo. A muchos ni siquiera les conocía pero tenía con ellos muchas cosas en común. Ponía la televisión y al oír las noticias se alegraba de oír poco. Tenía una audición selectiva, cuando algo le interesaba subía el volumen. ¡ Solo contaban penas! Hay mucha gente buena pero esos no son famosos.

Su hija siempre le servía el café recién hecho, como a él le gustaba. Cada día le decía que era el café más rico que había tomado en su vida. Ella  cerraba los ojos y aseguraba que la tarde anterior le había dicho lo mismo. La comida le parecía riquísima y los dulces que le preparaba eran exquisitos. Es que te superas siempre. Era la contestación de su padre.

Ella no entendía como  podía estar tan asertivo. Admitir sus carencias con tranquilidad. Estar siempre contento.

Un día le preguntó  el motivo. Sin dudarlo, su padre le aseguró que ella era su alegría, sus ojos, sus oídos y sus piernas. Un regalo que Dios le había mandado cuando nació. Lo importante no era lo que hacía, sino cómo lo hacía. Aseguraba que se trata de vivir lo mejor posible con lo que tenemos. Agradecer lo bueno que nos depara el presente y  no tener problemas para todas las soluciones que se nos plantean.

 

 

 

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