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Protege, Señor, a los que esperamos en ti
Hoy también para nosotros, discípulos, será tarea importante proclamar que Cristo está vivo


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Hechos de los Apóstoles 2, 14. 2-23: “A este Jesús, Dios la ha resucitado y de ellos somos testigos”
Salmo 15: “Protege, Señor, a los que esperamos en ti”
San Mateo 28, 8-15: “Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”


Descubrir a Jesús vivo, resucitado y acompañando a sus discípulos, es la tarea de esta semana de Pascua. Como si fuera un solo día continuo, como si pudiéramos alargar el momento preciso en que Cristo ha vencido a la muerte. Así, hoy continuamos con la alegría de la Resurrección. Si nos hemos preparado durante cuarenta días para vivir plenamente la Pascua, ahora este gozo se prolonga por la cincuentena pascual.

Que sean 50 días para descubrir a Jesús resucitado, que en los momentos más inesperados, en las circunstancias más insospechadas, se hace presente a sus discípulos. Se van entremezclando las narraciones de las apariciones, con la vida de la comunidad que nos narran los Hechos de los Apóstoles.

La proclamación de fe que a cada momento aparece en la vida de la primitiva Iglesia, como el día de hoy lo hace Pedro con los Once ante la multitud afirmando que son testigos tanto de la muerte como de la Resurrección, se respalda por la narración de aquel primer momento de temor y alegría con que las mujeres corren a anunciar que Cristo está vivo y que lo verán en Galilea. Ellas han recibido la gran noticia y no la pueden mantener oculta en su corazón, necesitan proclamar, anunciar y transmitir a todo mundo que Cristo ha resucitado.

La forma concreta de encontrarlo será en Galilea, allá donde se había iniciado todo, allá donde se habían sembrado palabras de ilusión, evangelio de verdad y acciones concretas a favor de los más necesitados. El grito de alegría no queda solamente en exclamaciones, tiene que transformarse en acciones concretas que vencen las estructuras de muerte que quieren ahogar la verdadera vida.



Hoy también para nosotros, discípulos, será tarea importante proclamar que Cristo está vivo, pero sólo lo haremos creíble cuando nuestras pequeñas acciones, de Galilea, se hagan muy concretas en atención, compartir y amar al hermano. Hoy nosotros, igual que aquellas mujeres, somos enviados a proclamar que Cristo está vivo.





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