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Se queda con Nosotros
Pediré perdón cuando me equivoque, recibiré la comunión más a menudo.


Por: Maria Luisa Martinez Robles | Fuente: Catholic.Net



Cuando pienso  que Dios quiso hacerse hombre para sentir lo que nosotros sentimos, cuando  me doy cuenta que vino al mundo para conocernos mejor, enseñarnos cómo debía ser nuestro comportamiento, siento una gran tranquilidad y una paz muy reconfortante.

 

Hace más de dos mil años no entendieron nada y ahora tanto como hemos evolucionado y seguimos sin entender nada.

Seguimos creyendo que morir por nosotros  no ha valido para nada. Entonces sus palabras se confundían, pensaban que quería el poder, ser rey, pero  su Reino no era de este mundo. No se conformó con dar la vida por nosotros, quiso quedarse en la Eucaristía para estar cerca.

Si fuésemos conscientes de que Él está en esa pequeña porción de pan, el mismo que nació en Belén y murió en la cruz, iríamos a recibirle más a menudo. El Jueves Santo recordamos ese milagro. Nosotros viviremos para siempre porque Jesús resucitó y nos prometió la vida eterna. Dimas pidió perdón y Jesus le prometió que estaría con  Él en el cielo para siempre.



Hagamos nosotros lo mismo. Gracias Señor por quedarte con nosotros en la Eucaristía.

 

Actuamos

Pediré perdón cuando me equivoque. Recibiré la Comunión más a menudo y rezaré todos los días.


 



Del Santo Evangelio

Mateo

"(26) Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "Tomad, comed, éste es mi cuerpo". (27) Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, (28) porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. (29) Y os digo que desde ahora no beberá de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, de nuevo, en el Reino del Padre"



 

Una bonita historia para pensar

 

EL SUEÑO DE ANDRÉS

 

Se sentó en la cama de un salto. Andrés había soñado que Jesús, pero el mismo que nació en Belén, iba a visitarle ese día. ¿Había sido un sueño?

Empezó a preguntarse como sería, si vestiría como en la Biblia que tenía en su estantería, como hablaría, qué le diría. Porque no estaba seguro, había sido tan real el sueño…

Por si acaso se lavó, se peinó, se vistió y salió a desayunar.

Su madre estaba admirada de lo guapo que se había puesto. Cuando acabó de desayunar, fue a la habitación, era sábado y su hermano pequeño estaba haciendo la ficha del colegio. Tenía que hacerla para el lunes y no sabía. Casi sudaba.

Andrés le ayudó. La cara de Gonzalo se iluminó. ¡Había acabado en media hora! Estaba tan contento.

Se estaba haciendo tarde y Jesús no aparecía.

Loreto lloraba porque tenía hambre y mamá no había acabado de hacer la comida de los mayores.

 

Mamá, ¿quieres que dé de comer a Loreto? dijo Andrés a su madre.

Claro hijo, no sabes lo que me ayudarías.

En cuanto Loreto acabó el plato, se oye una voz que dice “A mir” es la forma que tiene su hermana de decir “a dormir “. La acostó en la cama y se durmió en el acto.

Por la tarde bajó Andrés al jardín y se encuentra a Pablo llorando.

¿Por qué lloras? Porque he perdido el Power Rangers de mi hermano y se me va a caer el pelo.

¿Te ayudo a buscarlo? ¿Harías eso por mí?

Al cabo de un rato apareció debajo del seto. Pablo le dio las gracias muchas veces.

Papa quería dar un paseo. Andrés pensaba que si el sueño no era un sueño y venía Jesús a su casa no iban a estar.

Pero obedeció, dio gusto a papá y se fueron de paseo.

Encontraron en la puerta del supermercado a una señora pidiendo. Siempre estaba allí hiciera frió o calor.

Andrés llevaba un euro para comprarse chucherías. Se lo dio a ella, le hacía más falta.

Cuando llegó a casa llamó a sus abuelos. Les preguntó cómo habían pasado el día, les recordó que iría el miércoles como siempre y que les quería mucho.

El día había pasado y Jesús no había aparecido. Le hubiera gustado conocerle en persona. Había sido un sueño.

Se puso el pijama era la hora de dormir. Se acostó. Oyó una voz que le decía.

He ido a verte pero no me has reconocido. Cuando ayudaste a tu hermano, cuando diste de comer a tu hermana, es como si lo hubieras hecho por mí. Cuando tu amigo estaba triste, es como si me consolaras a mí. Cuando llamaste a tus abuelos para alegrarles el día, me lo alegraste a mí.

Detrás de cada cosa buena que haces, allí estoy yo. Una vez le dije a mis amigos que si ayudaban a los demás, lo estaban haciendo por mí.

Cuando estáis todos juntos, reunidos en mi nombre, allí estoy yo.

He estado todo el día, contigo pero no me has reconocido.

 

Se durmió profundamente.

 

CONCLUSIÓN.

 

  A Jesús no le vemos en persona pero está en todas las cosas buenas que hacemos. Nos dijo que cuando nos reuniéramos en su nombre allí estaba Él. Además se quedó con nosotros en la Eucaristía





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