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Buscando amor
Consolar al hijo desde el corazón de la Madre


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net



El hombre en lo más profundo de su ser tiene una enorme necesidad de amar y ser amado.
Desde antes de tener uso de razón, percibes y recibes el amor como un gran nutriente. Si el amor no te estrecha, te llenas de inquietud, angustia, miedo.

En su andar continuas su búsqueda. Y encuentras esbozos que reflejan algo del amor, pero no al AMOR.

Y de forma curiosa el AMOR está más accesible, cercano, dispuesto, que el oxígeno que día a día respiras.

EL AMOR se encarna en María la Madre. En ella se forma el AMOR DIVINO. Ese AMOR que llega, consuela, sana, perdona, estrecha, comprende, te da luz, y te   llena de gozo.
Tengo una amiga que tiene tres nietos ella no conoció a su madre, ya que al darla a luz murió. Ella fue cuidada por una tía, no creyente. Que no la abrazo como ella necesitaba. Sin embargo, cuenta que siendo muy niña alguien le regalo una imagen de la Virgen y cambió su vida.  Con ella sigue dialogando en los momentos difíciles y encontrando respuestas en su vida diaria.

En ocasiones te olvidas que el AMOR DIVINO, en la hora ardua, en la cruz, te entregó todo por salvar tu alma, por hacerte hijo suyo. También te entregó en tus manos a su madre, lo que él más ama, la que lo formó, la llena de gracia.



San Luis María Grignion de Monfort encontró el camino más corto para encontrar al AMOR. Él nos propone la consagración a la Santísima Virgen. Nos invita a renovar nuestras promesas bautismales y poner todo en las manos de María que están orientadas a realizar la voluntad de Dios.  Para que ella ofrezca a Dios todas nuestras acciones, pensamientos, alegrías, gozos, las buenas y malas e incluso las faltas.

Él te invita a enlazar tu vida con la de tu madre, y no solo a eso sino a imitarla por ser el modelo de toda virtud, la obra maestra de Dios.

María que formó a Jesús en su vientre, si te consagras a ella te ayuda a formar el rostro de Jesús en tu vida.

Ella mejora y purifica todo lo que pones en sus manos. Además, como buena madre, te ayuda a vivir el amor, la fe, la bondad, la humidad, la sabiduría. María no se deja ganar en generosidad; si tú te consagras a ella te facilita el camino de santidad.

Para esto necesitas hacer una alianza.  Un compromiso en el que se unen dos corazones. El tuyo con el de María. Desde su corazón puedes entender al Hijo, su sed, sus anhelos, su misericordia, su amor.



Consolar al hijo desde el corazón de la Madre pedirle a María su corazón para poder con su amor perfecto corresponder al AMOR.

El Padre Michael E. Gaitley MIC, en su libro: 33 días hacia un Glorioso Amanecer propone un retiro personal como preparación para la consagración a María. Te ofrece una forma sencilla y valiosísima de estar cerca del AMOR y a amar desde el amor de la Madre.
María es el camino más corto para llegar al AMOR y vivir el amor.


 





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