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Tu padre y yo te hemos estado buscando
Con San José hoy nos acercamos a nuestras familias y descubrimos sus riquezas y necesidades.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



San José, esposo de la Santísima Virgen María

II Samuel 7, 4-5. 12-14. 16: “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre”
Salmo 88: “Su descendencia perdurará eternamente”
Romanos 4, 13. 16-18. 22: “Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó”
San Lucas 2, 41-51: “Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”

 

¿Por qué nos complicamos tanto la vida aduciendo derechos que después se transforman en armas que nos destruyen? Al hablar de la familia encontramos personas furibundas que defienden los derechos individuales, con toda razón, pero que se olvidan de los derechos de los terceros que entran en contacto con nosotros. Frente a mí tengo el rostro de dos adolescentes, niña y niño, que ellos mismos se juzgan desadaptados,  acomplejados y en crisis, porque sus padres se han divorciado. Al platicar con la mamá sobre las razones de su separación, me lanza el clásico: “Es mejor vivir cada quien por su lado que estar peleando”.

Y al escuchar al padre argumenta que tiene derecho a rehacer su vida y no vivir esclavizado a una unión que ya no quiere. Cada uno de ellos tiene sus razones, que no me parecen suficientes, para separarse. Se dan por vencidos antes de luchar y se conforman con muy poco. Mientras, sus hijos viven con el sentimiento de culpa porque piensan que ellos influyeron en la separación, con la eterna indecisión de con quién vivir, y una depresión constante que los ha llevado de fracaso en fracaso. ¿Dónde terminan mis derechos?



Qué bueno que cada día se aprecien más los derechos individuales y que sobre todo a la mujer se le dé el debido respeto y lugar, pero qué triste que no midamos las consecuencias de nuestras propias acciones y que también lesionemos los derechos de los demás. Este día, la fiesta de San José me hace contemplar la difícil realidad de nuestras familias y me obliga a lanzar un grito de auxilio a todos los papás y mamás para que con verdadera responsabilidad asuman su derecho y obligación de educar a sus hijos. San José es un magnífico ejemplo de diálogo y comprensión, de fidelidad y audacia para superar los conflictos, de una fe inquebrantable.  Jesús pudo captar en la persona de José el rostro amoroso, compasivo y solidario de Dios.

José nos enseña a vivir el compromiso de fe desde el silencio y la sencillez. San José nos ayude en este día a buscar el sano equilibrio entre nuestros derechos individuales y los derechos de los demás: la familia, la pareja, los hijos, los cercanos. Con San José hoy nos acercamos a nuestras familias y descubrimos sus riquezas y necesidades.

 





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