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Vete, tu hijo ya está sano
Señor, yo creo, pero aumenta mi fe


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Isaías 65, 17-21: “Ya no se oirán gemidos ni llantos”

Salmo 29: “Te alabaré, Señor, eternamente”

 San Juan 4, 43-54: “Vete, tu hijo ya está sano”

 

Cuando escuchamos nuevamente la sentencia de que ningún profeta es honrado en su propia patria, nos imaginamos que Jesús al regresar a su patria será recibido con hostilidad.



Pero no es así: sus paisanos habiendo oído la fama de Jesús, lo reciben con cierta cordialidad. San Juan une este segundo signo con el primer signo que había realizado en Caná: el convertir el agua en vino, es decir devolver la alegría y felicidad en un banquete que estaba por frustrarse. Pero su signo iba mucho más allá, hasta significar un nuevo vino y un nuevo banquete que no se ajustaba a las normas y cánones judíos. El segundo signo que ahora Jesús realiza abre más los horizontes para aquellos exigentes galileos. Ahora devuelve la vida a un niño agonizante.

Así se completa el ciclo de salvación: devolver la alegría y devolver la vida. Sin embargo esta salvación no se circunscribe al pueblo judío pues quien lo pide es un funcionario real. La salvación de Jesús es universal. Pero la condición que Jesús exige es una fe y lo que le han negado sus compatriotas lo aporta un funcionario real. Esto nos debe cuestionar también a nosotros. Con frecuencia escuchamos la palabra de Dios, nos acercamos a su Eucaristía, conocemos la vida de Jesús, sin embargo a veces no tenemos la suficiente fe como para entregarnos completamente a su cuidado y providencia. La fe por una parte es un acto que nosotros podemos ofrecer: al mirar detenidamente a Jesús nos confiamos en sus manos.

Pero por otra parte es un don que debemos pedir: “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”. Estos días de cuaresma nos conducirán a ese camino de fe que nos arranque de un mundo de pecado y nos lleve hasta la Pascua de Resurrección. Hoy, igual que aquel funcionario, creamos en la palabra de Jesús y pongámonos en camino: nos espera una nueva vida.

 

 



 

 





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