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¿Y quién interpreta la Biblia?
Cuando leemos la Biblia buscamos conocer la historia del pueblo de Israel.


Por: Javier Ordovàs | Fuente: Catholic.Net



“Sépanlo bien: nadie puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura, ya que ninguna profecía proviene de una decisión humana, sino que los hombres de Dios, movidos por el Espíritu Santo, dijeron sus mensajes”. (2 Pedro 1:20-21).

Cuando leemos la Biblia buscamos conocer la historia del pueblo de Israel, el pueblo elegido por Dios, meternos en la vida de Jesucristo y de los primeros cristianos, tratando de incorporar a nuestra mente y a nuestra vida lo que aprendemos de esa lectura meditada. Tratamos de profundizar en nuestra vida cristiana y relación con Dios pero, los cristianos ¨de a pie¨ dejamos el trabajo de interpretación para los especialistas con autoridad, lo mismo que en cualquier otro ámbito del conocimiento humano.

De manera similar a que todos podemos leer y disfrutar una obra literaria como Don Quijote pero, solamente los profesionales de la crítica literaria están capacitados para analizarla.

El propio Lutero, al final de su vida sufre las consecuencias de la libre interpretación de la biblia reclamada por él mismo y en 1525, tuvo que lamentar la triste situación que se había creado desde el principio a causa de la interpretación privada de la Escritura. Afirmó:

«Hay tantas sectas y creencias como cabezas. Aquel miembro no quiere tener nada que ver con el bautismo; otro niega el Sacramento; un tercero cree que hay otro mundo entre este y el Último Día. Algunos enseñan que Cristo no es Dios; unos dicen esto, otros aquello. Si un rústico, por rudo que sea, sueña o se imagina alguna cosa, ya se cree que ha oído el susurro del Espíritu Santo, y se cree que él mismo es un profeta» (Grisar, Lutero IV, 386ss).



Los investigadores protestantes descubren que los católicos “de a pie” confían inteligentemente esa tarea a la Tradición, al Magisterio de la Iglesia, por varias razones:

  1. El fiel común no dispone de tiempo, ni capacitación, ni autoridad suficientes para dedicarse cada uno a “investigar e interpretar” correctamente un libro tan profundo como la Biblia, aunque lo conocen bien y lo utilizan para encontrar a Dios y orar, para ilustrar su piedad y cultura.

  2. Comprenden que esa labor de investigación e interpretación ha llevado siglos de reflexión a personas especializadas y con conocimientos suficientes en disciplinas muy concretas: historia del pueblo hebreo y de la Iglesia Católica, lenguas como el arameo, hebreo, griego y latín; exégesis bíblica, teología, arqueología, géneros literarios,… Bibliotecas y más bibliotecas han acumulado durante esos siglos una ciencia teológica que tiene la veteranía y catadura del vino bien acunado y que, el paso del tiempo no ha hecho más que perfeccionar.

  3. Mt 16,19: “Todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos y…” Observan cómo la Iglesia ha empleado durante más de veinte siglos esa autoridad de forma muy prudente y concienzuda, tomando muchos años, a veces siglos, de investigación para definir las verdades de la fe tan espléndidamente expuestas en el Catecismo que es un verdadero tratado de teología sistemática con fundamento bíblico.

  4. En su doctrina no dependen de lo primero que se le ocurra a un párroco o a un teólogo, o incluso a un solo Obispo, por inteligentes y piadosos que sean. Ni siquiera dependen de que un papa sea santo y haya habido papas viciosos. La Iglesia está gobernada por el Espíritu Santo. “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, Él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14,26).



Por otro lado, descubren que La Biblia no abarca toda la enseñanza de Jesús, o del Cristianismo y que para entender, desarrollar y aplicar el mensaje de Dios en la Biblia es necesaria la autoridad de la Tradición y el Magisterio:

Mc 4:33: Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.

Mc 6:34: Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Lc 24:15: Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. 16 Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

Lc 25: Jesús les dijo: ¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!

27 Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras les explicaba lo que se refería a él.

Jn 16:12: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.

Cristo, conforme lo había anunciado, envió el Espíritu Santo para que, a la luz del Nuevo Testamento que les inspiró a redactar, se entendiera el Antiguo, en esa generación y, por la autoridad concedida a los Apóstoles y sus sucesores, a las generaciones futuras.

 





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