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¿Felicidad sinónimo de sufrimiento, cansancio y trabajo?
Seamos dichosos, seamos trascendentes, ¡seamos felices!.


Por: UNEH | Fuente: yoinfluyo.com



Hoy en día es muy común que se planteé el tema “la felicidad”, con los amigos, familia, la televisión, redes sociales, marketing, etc...

Milagro en Caná

Muchas veces de una manera errónea, se exhibe una felicidad repleta de banalidades y hedonismo. Se habla sobre su obtención de una forma sencilla y sobre su vivencia, como un hecho momentáneo, fomentando el consumismo y disminuyendo el verdadero potencial de las personas.

La sociedad de hoy vende, y vende muy bien (llamémosle así) “felicidad patito”, la cual es un conjunto de productos, servicios, placer e incluso ideologías, con la única regla de que sea o intente ser digerible para su nicho de mercado. Triste, pero lucrativo para algunos.

Esta “felicidad patito”, no es ni será la verdadera felicidad. Lejos de satisfacernos nos vuelve cada vez más hambrientos.



Entonces ¿Cuál es la verdadera felicidad?; es la felicidad trascendente, esta tiene la característica de volvernos personas plenas y satisfechas. En el sentido literal de la palabra felicidad según la RAE (Real Academia Española) es: “El estado de grata satisfacción espiritual y física”, y trascendente “Aquello que es muy importante por sí mismo y permanente”. Es cierto que ambos conceptos son subjetivos como también el concepto “verdad”.

Cristo es nuestra verdad, su verdad está llena de amor y salvación.

Esto es, Cristo nos enseña a vivir una felicidad trascendente y verdadera, a través del evangelio, claro ejemplo es el relato de San Juan (Juan 2 1-12). “Primer milagro, en la boda de Caná “

“Tres días más tarde se celebraba una boda una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo; “No tienen vino”. Jesús le respondió “¿Qué quieres de mi, mujer? Aún no ha llegado mi hora”.

Pero su madre les dijo a los sirvientes “hagan lo que Jesús les diga.”



Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno.

Jesús dijo: “vayan y traigan agua”. Y los llenaron hasta el borde. “Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo.” Y ellos se lo llevaron.

Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Y él dijo: “todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final.”

Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Al interpretar este relato, el vino tiene un papel fundamental, es relacionado desde tiempos inmemorables con la felicidad, alegría y gozo. Según el relato al terminarse el vino Jesús dijo: “vayan y traigan agua”, en aquella época el agua se extraía de pozos, pozos que se encontraban de dos a tres kilómetros de Caná, según los evangelistas, se utilizaban baldes de cinco a siete litros, si realizamos los cálculos adecuados, seis tinajas por cien litros genera un total seiscientos litros, seiscientos litros dividido entre cinco litros da un total de 120 viajes ida y regreso, aproximadamente.

¿Qué nos enseña este relato?; ¡Que la felicidad implica esfuerzo!, Jesús no hizo el milagro instantáneamente, al decir: “vayan y traigan agua“, ¿Qué nos dice a todos los seres humanos?; ”¿quieres ser feliz?” ¡esfuérzate!, ¡sacrifícate!, para así tener lugar a la felicidad.

La felicidad trascendente es un trabajo constante, debemos ser tenaces, ser inalienables y nunca procrastinar.

Los seres humanos fuimos creados con una biología impresionante y maravillosa, eso sin hablar de la asombrosa naturaleza, por tanto, nosotros y nuestro entorno ha sido diseñado para vivir cosas igual de impresionantes y magníficas.

Es difícil renunciar al confort, a lo sencillo, pero si no lo hacemos estamos renunciando a la verdadera felicidad.

Seamos dichosos, seamos trascendentes, ¡seamos felices!.





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