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Quiero una Familia Así
La Familia de Nazaret


Por: María Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.Net



Pienso en María. Aquella adolescente de Nazaret. Hija única de Ana y Joaquín. Destinada a una gran misión, ser la madre del Mesías.  Ni ella misma comprendía lo que significaba, el alcance que tenía la revelación del ángel Gabriel, pero dijo sí. Aceptó y se comprometió por completo. Sus padres confiaron en ella plenamente. Asumieron las posibles críticas a su maternidad. No dudaron de ella ni un segundo. Ahora debía decírselo a José. Era difícil de asimilar, por un momento, él dudó, pero pudo más su fe. Cuidó a su esposa y a su hijo, admitió que Dios lo puede todo aunque no entendamos sus designios.

Ellos tuvieron que huir a Egipto, María temía por su hijo, querían matarle porque era rey. No entendieron nada pues su reino no es de este mundo. En su Reino cabemos todos los que creemos en Él. Podía haber nacido en un palacio pero nació en un pesebre, podía haber liberado a los suyos, pero nos liberó de la muerte eterna. A todos los que creemos en Él.

Para María fue un sufrimiento ver a su hijo maltratado, vilipendiado y morir como un delincuente, clavado en la cruz. Aun así no dudó en seguir adelante. Aceptó, muchas veces sin comprender, lo que estaba pasando. Era especial, lo sabemos, no nos podemos comparar con ella, pero imitarla…debemos. Pedir  su ayuda, ella nos entiende mejor que nadie.

 

Yo quiero una familia así, que me comprenda, que confíe en mí. Unos padres que me ayuden, me eduquen en la honestidad, en la verdad y en el esfuerzo.



Yo tengo que   conseguirlo. Colaborar para que mi familia se parezca a la de Nazaret. Donde encuentre tristeza poner alegría, donde haya mentiras decir la verdad, donde haya egoísmo regalar generosidad y si no hay amor, dar todo el que pueda.

Ellos lo consiguieron, pero no fue gratuito. Dieron todo lo bueno que tenían guardado en su corazón. No escatimaron fe, comprensión, misericordia, confianza y amor, mucho amor. Nosotros haremos lo mismo y si fallamos y desfallecemos, nos volvemos a levantar y continuamos.

 

Actuamos

Esta semana voy a llamar a las personas de mi familia que están tristes, solas o preocupadas por algo para consolarlas. Me voy a proponer hacerlo de vez en cuando. A diario, procuraré decir a todos los que me rodean todo lo que hacen bien, así se animarán y seguirán haciéndolo con ganas.



También procuraré sonreír, aunque no tenga muchas ganas, para alegrar a los demás.

 

 

 

 

 

 

Del Santo Evangelio según San Lucas

 

Jesús volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo. Su madre guardaba todo esto en el corazón.(Lucas 2:51).

 

Mi oración de hoy

 

Quiero tener una familia como la tuya de Nazaret. Procuraré fijarme en ella para imitarla. Leeré el Evangelio para seguir el mismo camino. Ayúdame pues me he propuesto una difícil misión, pero sé que con tu ayuda lo imposible es fácil.

 

Una bonita historia para pensar.

 

Texto original de María Luisa Martínez Robles.

 

 La familia se va a Marte

(La organización, la  unión  y el esfuerzo.)

 

Era el año 2.523. La familia Martínez partió para Marte con otras siete familias más. Recordaban los años en los que sus bisabuelos iban a Disneyland a París o a Orlando a pasar unos días. Los tiempos cambian, pero la familia sigue siendo muy importante porque en ella nos educamos y nos cuidamos.

Antes iban en avión. Ahora se meten todos en una especie de caja y se transportan, en una hora están en Marte. Le llaman el planeta rojo y hay unos paisajes preciosos. Allí llegaron algunas personas y decían   que se ve el planeta Tierra de color azul. Los marcianos todavía no han aparecido, pero seguro que en algún otro sitio de este universo tan bonito que tenemos hay vida. Habían pensado ir a la luna, pero al final se decidieron por el planeta rojo.

Cuando llevaban allí una semana les dijeron que no podían volver porque la cápsula espacial se había estropeado. Desde la tierra no podían llegar otras naves espaciales porque habían perdido la conexión y la órbita con Marte.

Los niños lloraban, no volverían a ver a sus amigos del colegio, ni su casa, ni a sus abuelos. Se acabaría la comida y el agua. Los padres les consolaban diciendo que no podían lamentarse y no hacer nada. Hay que esforzarse.

Hicieron unos invernaderos para cultivar verduras con las semillas que tenían. Con oxígeno e hidrógeno hicieron agua. Aprendieron que el agua tiene oxígeno e hidrógeno.

Insistieron e intentaron una y otra vez hasta que pudieron comunicarse con la Tierra.

Todas las noches las familias se reunían para explicar lo que habían hecho y organizar lo que debían hacer al día siguiente. Todos se ayudaban y consolaban a los que necesitaban ánimo.

Después de varios meses de insistir e intentar comunicarse con la Tierra, oyeron una voz y después una imagen que decía:

 - Os escuchamos, aquí España. Vamos a ir por vosotros.

Todos aplaudieron al oír estas palabras, pronto estarían de vuelta.

Cuando llegaron a casa, no volvieron a quejarse de la comida. No necesitaban juguetes caros para divertirse, aprendieron lo importante que es la familia. Entendieron lo necesario que es compartir el tiempo. con los tuyos

Se dieron cuenta que con constancia y con esfuerzo se consigue lo que te propongas.

 

La familia es muy importante. Marca nuestra infancia. Nosotros, al formar parte de ella, colaboramos para que sea fiel reflejo de la Sagrada Familia. Poner nuestro granito de arena y así mantenerla unida. Nos ayudará a ser mejores. No debemos permitir que la principal célula de la sociedad se deteriore. Ahora hay muchas familias monopanterales, ayudemos a sus miembros a integrarse, nos necesitan.

 





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