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Misericordia, Señor, hemos pecado
Miércoles de Ceniza, día de recogimiento, reflexión, oración y ayuno


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Miércoles de Ceniza
Joel 2, 12-18: “Enluten su corazón no sus vestidos”
Salmo 50: “Misericordia, Señor, hemos pecado”
II Corintios 5, 20-6,2: “Aprovechen este tiempo favorable para reconciliarse con Dios”
San Mateo 6, 1-6. 16-18: “Tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará”


Miércoles de Ceniza, día de recogimiento, reflexión, oración y ayuno. Día de revisar con seriedad los ejes sobre los que se mueve nuestra vida. Muchos de nosotros asistiremos a la “imposición de ceniza”, pero corremos el riesgo de hacerlo a la carrera como un signo que poco significa y que no lo dejamos entrar en el corazón. Para algunos incluso parece una especie de amuleto,  especie de protección, pero que no influye en nuestra vida diaria. ¿Qué significa para nosotros cristianos este signo?

El salmo 50 atribuido al rey David, nos va llevando poco a poco para descubrir quiénes somos, qué significa nuestro pecado, a quién hemos ofendido y qué esperamos en este día.

La ceniza es una señal de arrepentimiento: nos descubrimos pecadores, le hemos fallado al gran amor que Dios nos tiene, y sentimos la necesidad de pedir perdón. Somos tan miserables que no merecemos estar en su presencia, pero el Señor nos ha dado tantas pruebas de misericordia, que a pesar de nuestras maldades, nos atrevemos a pedir nuevamente perdón. El pecado nos ha enceguecido y nos ha alejado de la casa del Padre. Nuestras incontables faltas nos manchan y nos derrumban.

El miedo de nosotros mismos, la terrible convicción de que hemos vuelto a caer, nos hacen temer. Pero el salmo nos alienta y nos levanta: si hay verdadero arrepentimiento, el Señor lavará y purificará nuestros delitos; a lo que está podrido le dará nueva salud; y a lo que parece muerto le dará nueva vida. Nos hundimos en nuestras cenizas, pero Dios es más grande que nuestras miserias y nos da un corazón nuevo.



Su invitación sigue resonando fuerte: “Todavía es tiempo. Conviértanse a mí de todo corazón, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos” (Joel 2, 12). No es una conversión exterior ni una apariencia como reclama Jesús en el evangelio, es poner el corazón delante de nuestro Padre que ve lo secreto. Reconozcámonos pecadores, confesemos nuestros pecados, pero confiemos mucho más en la gran misericordia de un Padre que nos está esperando con los brazos abiertos para recibirnos, perdonarnos y devolvernos la dignidad de hijos. Miércoles de ceniza, día de retorno al Padre.

 





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