Menu


Señor, dichoso aquel a quien tú educas
Jesús nos enseña criterios muy diferentes: el amor como fundamento de todas nuestras acciones


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Santiago 1, 12-18: “Dios no le pone tentaciones a nadie”
Salmo 93: “Señor, dichoso aquel a quien tú educas”
San Marcos 8, 14-21: “Cuídense de la levadura de los fariseos y de Herodes” 

 

Hay palabras que aparecen muy claras y que, sin embargo, nosotros les damos una interpretación diversa a la que espera Jesús. La levadura fermenta el pan, lo transforma, porque trabaja y bulle desde su interior. Si los discípulos se dejan transformar y penetrar por la levadura de los fariseos, pronto tendrán las mismas actitudes… Nosotros vivimos en el mundo, compartimos con el mundo, estamos rodeados de todas esas cosas que no tienen una verdadera espiritualidad. El riesgo es que las dejemos que actúen en nuestro interior y que empiecen a tomar el lugar de Jesús en nuestro corazón.

Cuántas veces les dijo Jesús a sus discípulos que vivieran en el mundo pero que no fueran del mundo. Igual nos podría decir hoy a nosotros: no dejen llenar su corazón de las ambiciones y los criterios del mundo, porque el mundo es perverso y sus estructuras malévolas. No es asumir actitudes condenatorias o fundamentalistas, pensando que todos los demás son malos y solamente nosotros somos buenos. ¡No! Es dejar llenar el corazón de la presencia de Jesús que con todos convive, que se abre a todos, pero que su corazón está siempre libre.

Hay quienes mirando que todo mundo lo hace, argumentan que entonces estará bien: decir la mentira, someter a los pequeños, engañar en el negocio, convivir con la injusticia, confundir amor con pasión y sexualismo… pero Jesús nos enseña criterios muy diferentes: el amor como fundamento de todas nuestras acciones, la verdad como principio de nuestro actuar, el respeto y el servicio para todas las personas.



Los discípulos se quejaban de que no llevaban panes con ellos y no eran capaces de reconocer que en la misma barca iba Jesús, el verdadero pan del cielo. Nosotros nos quejamos de nuestros vacíos y pretendemos llenarlos con migajas de mundo, mientras Jesús nos llena a plenitud y sacia todos nuestros deseos de felicidad. Que hoy podamos descubrir en el fondo de nuestro corazón la presencia enriquecedora de Jesús.   
 

 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!