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Reflexión del evangelio de la misa del Lunes 12 de Febrero 2018

Danos tu misericordia, Señor, y tendremos vida
Cuando el corazón se cierra, ninguna señal será suficiente


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Santiago 1, 1-11: “Las pruebas de su fe les darán fortaleza, para que su vida sea íntegra e irreprochable”
Salmo 118: “Danos tu misericordia, Señor, y tendremos vida”
San Marcos 8, 11-13: “¿Por qué esta gente busca una señal?”  ¿No es verdad que nos duele que alguien a quien queremos y que le hemos dado todo nuestro amor nos pida una señal?

 

Son reclamos frecuentes de los hijos a los padres a pesar de que diariamente se deshacen en atenciones y cuidados para ellos, a pesar de que los trabajos y las preocupaciones siempre son por ellos… pero el hijo siempre pide más. Hoy encontramos a Jesús que también se duele de la incomprensión de los escribas y fariseos porque no han sido capaces de abrir su corazón y para justificarse piden pruebas.

Pero las pruebas que piden están condicionadas por su incredulidad y son incapaces de reconocer en los milagros diarios, en la predicación, en la atención a los enfermos y la expulsión de los demonios, la presencia del Reino anunciado desde los profetas. Cuando el corazón se cierra, ninguna señal será suficiente. Las señales serán juzgadas erróneamente y a cada nueva señal se añadirán nuevas excusas para condenar a quien no se le quiere creer. Señor, yo también quisiera señales que me ayudaran a vivir plenamente tu evangelio.

Me asaltan las dudas y los temores cuando me visitan las enfermedades, los fracasos, la muerte y la soledad. Señor, sé que no merezco señales y que tu amor día a día se hace manifiesto. Hoy te pido, Señor, no más señales, sino un corazón limpio capaz de descubrir las huellas de tu amor en cada acontecimiento. Hoy te pido, Señor, unos ojos abiertos e inquietos que busquen tus caricias en el sol de cada día, en la vida nueva, en la presencia de mi hermano. Señor, no me des nuevas señales, ayúdame a descubrir tu amor en lo cotidiano, en la brisa del viento, en el frío del amanecer. Señor, sé muy bien que estás conmigo, no permitas que ignore tu presencia. Amén.  
    



 





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