Menu


¿La Misa es el sacrificio de Jesucristo?
Cada vez que participamos en la Misa presenciamos un gran milagro


Por: Javier Ordovás | Fuente: Catholic.Net



En la Iglesia a la que voy a veces entre semana a Misa, por el horario un poco intempestivo de personas que van a su trabajo, suele haber entre sesenta o cien personas.

 

Todos nos conocemos y el Sacerdote nos conoce.

Ese día, en la breve y ágil  homilía  de diez minutos que suele predicar, nos insistía en que ¨todos¨ celebramos la Misa y el Sacerdote preside, con el ánimo de recordarnos que debemos ser partícipes y solidarios de lo que en ese lugar y momento celebramos.

 



Durante la homilía, a veces, no muchas, el sacerdote nos hace preguntas a los asistentes para captar nuestra atención. Yo no suelo intervenir, no por temor a hablar en público, que no lo tengo, sino porque me sobrecoge mucho hablar en ese lugar que me impone mucho respeto por la presencia de Dios.

 

Insistió tanto en que ¨todos celebramos” que, después de la intervención de una señora, levanté la mano, me puse en pie y dije que era correcto lo que él decía pero, que hay una parte de la Misa que solamente el Sacerdote puede celebrar que es el momento y las palabras de la Consagración. 


Por eso, le dije, a veces, cuando Ud. no está y viene un diácono, celebramos una eucaristía pero, no la Misa, porque no hay Consagración. Él sonrió y dijo, ¡correcto! Y por eso voy a aprovechar para hablarles del milagro de la Consagración.

 



Y aprovechó para recordarnos las siguientes ideas;

 

En la Misa que todos los participantes celebramos hay una parte central que es el Cánon y, dentro de él, está la Consagración, es decir la palabras que pronuncia el Sacerdote, repetición exacta de las palabras de Jesucristo en la última cena, por las que ocurre la ¨transubstanciación¨. Es decir, la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo. (CIC n. 1353 y 1375)

 

Esa separación del pan y el vino que se ven, significan la separación del cuerpo y la sangre de Cristo que no se ven, o se ven bajo la substancia (el aspecto, la apariencia) del pan y del vino.

Esa separación, significa, es signo sensible, es sacramento, de la muerte de Cristo en la Cruz, anunciada en la última cena.

Por eso la Misa  es el mismo sacrificio de Cristo en la cruz que se realiza de forma incruenta, bajo signos sensibles, y se renueva y se hace presente  (se traslada en el espacio y en el tiempo)

 

Y el Sacerdote, pasando a un cierto tono de solemnidad nos dijo: por eso, dentro de unos minutos, Uds van a presenciar, van a ser testigos, del más grande milagro de Dios: la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo que permanece verdadera, real y substancialmente presente en el altar.

 

Sin ninguna duda, todos los presentes ese día nos quedamos como pasmados en el momento en que el Sacerdote dijo las palabras de la Consagración.





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |