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Un Amor que da sentido a todo
El Amor que nunca falla, que busca, que cura, que impulsa al bien, brota del corazón de Dios.


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



Nacer y morir. Dos momentos que marcan cada historia personal. Entre esos momentos, mil encuentros, éxitos, fracasos, gozos y alegrías.

El recorrido tiene siempre algo de incierto. No sabemos lo que ocurrirá en las próximas horas. Todo está pendiente de equilibrios inestables.

A pesar de tanta incertidumbre, existe un Amor que da sentido a todo. Porque cada uno recibimos amor, y cada uno está llamado a amar.

El Amor que nunca falla, que busca, que cura, que impulsa al bien, brota del corazón de Dios.

Es Dios quien funda nuestra existencia. Es Dios quien nos espera tras la muerte. Es Dios quien invita a cada hijo a entrar en la Patria de los cielos.



Ese Amor que da sentido a todo viene del Padre y engendra al Hijo. Entre el Padre y el Hijo, el Amor une como Espíritu Santo.

Luego, ese Amor funda el gran prodigio de la creación, en la que aparecen ángeles y estrellas, planetas y satélites, plantas y animales.

Ese Amor pensó en el ser humano, en todos y en cada uno, y ofreció mil señales para que reconociésemos la Bondad y Belleza del Padre.

Ese Amor no se detuvo ante el pecado. Por eso el Hijo, con la potencia del Espíritu Santo, se encarnó en la Virgen María (cf. Lc 1,26-38).

Como cada día de mi camino, el Amor toca a las puertas de mi alma y me ofrece consuelo, fortaleza, misericordia y paz.



Desde ese Amor también yo puedo convertirme en "embajador de Cristo" (cf. 2Cor 5,20), que ofrece gratis lo que gratis he recibido (cf. Mt 10,8).

"Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en Él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1Jn 4,16).
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Ese Amor pensó en el ser humano, en todos y en cada uno, y ofreció mil señales para que reconociésemos la Bondad y Belleza del Padre.

Ese Amor no se detuvo ante el pecado. Por eso el Hijo, con la potencia del Espíritu Santo, se encarnó en la Virgen María (cf. Lc 1,26-38).

Como cada día de mi camino, el Amor toca a las puertas de mi alma y me ofrece consuelo, fortaleza, misericordia y paz.

Desde ese Amor también yo puedo convertirme en "embajador de Cristo" (cf. 2Cor 5,20), que ofrece gratis lo que gratis he recibido (cf. Mt 10,8).

"Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en Él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1Jn 4,16).

 





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