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Los tres grados del Orden
El Orden Sacerdotal
El episcopado, el presbiterado y el diaconado.


Por: Cristina Cendoya de Danel | Fuente: Catholic.net





Hemos mencionado que existen tres grados en el Sacramento del Orden: el episcopado, el presbiterado, y el diaconado.

Entre los diversos ministerios, el Ministerio de los Obispos, ocupa un lugar preponderante, pues por medio de una sucesión apostólica, que existe desde el principio, son los que transmiten la semilla apostólica.

Los primeros apóstoles, después de recibir al Espíritu Santo en Pentecostés, comunicaron el don espiritual que habían recibido a sus colaboradores, mediante la “imposición de manos”.

El Concilio Vaticano II, “enseña que por la consacración episcopal se recibe la ‘plenitud’ del sacramento del Orden”. Se puede decir que es la “cumbre del ministerio sagrado”. Cfr. LG 20; Catec. n. 1555).

Su poder para consagrar no excede a la de los presbíteros, pero sí tienen otros poderes que los sacerdotes no tienen, como son:

  • El poder de administrar el sacramento del Orden y de la Confirmación.

  • Son los que normalmente bendicen los óleos que se utilizan en los diferentes sacramentos.

  • También poseen el poder de predicar en cualquier lugar.

  • Normalmente, el Obispo tiene el gobierno de una diócesis o Iglesia local que le ha sido confiada, siempre bajo la autoridad del Papa, pero al mismo tiempo, “tiene colegialmente con todos sus hermanos en el episcopado la solicitud de todas las Iglesias”. (Cfr. Catec. n. 1566).

  • Es quien dicta las normas en su diócesis sobre los seminarios, la predicación, la liturgia, la pastoral, etc.

  • Además, son los Obispos los encargados de otorgar a los presbíteros el poder de predicar la palabra de Dios y de regir sobre los fieles.

 



Existen Obispos con territorio, que son los que están al frente de una diócesis y Obispos sin territorio, que son, generalmente, todos aquellos que colaboran en el Vaticano, en una misión específica.

Algunos Obispos son nombrados Cardenales, en virtud de su entrega y su labor especial a la Iglesia. El Papa es quien los nombra y no se necesita de una celebración especial. En cuanto al poder del sacramento, es igual que la de los Obispos, ambos tiene la plenitud del ministerio, por ser Obispo. Los Arzobispos son aquellos Obispos encargados de una arquidiócesis, es decir, que dado lo extenso del territorio se ve la necesidad de dividir una diócesis, en varias diócesis.

Los presbíteros - palabra que viene del griego y significa anciano – no poseen la plenitud del Orden y están sujetos a la autoridad del Obispo del lugar para ejercer su potestad. Sin embargo, tienen los poderes de:

  • Consagrar el pan y el vino.

  • Perdonar los pecados.

  • Ayudar a los fieles, transmitiendo la doctrina de la Iglesia y con obras.

  • Pueden administrar cualquier sacramento en el cual el ministro no sea un Obispo.

 



Los sacerdotes o presbíteros son los que ayudan a los Obispos en diferentes funciones. Por ello, cuando un sacerdote llega a una diócesis tiene que presentarse ante el Obispo, y éste será quien le otorgue los permisos necesarios.

Los presbíteros, a pesar de no poseer la plenitud del Orden y dependan de los Obispos, están unidos a ellos en el honor del sacerdocio y, en virtud del Sacramento del Orden, quedan consagrados como verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza, a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote. (Cfr. Hb.5, 1-10; 7,24; 11, 28). Además, por el Sacramento del Orden, los presbíteros participan en la universalidad de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles.

En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos – del griego, igual a servidor – a los que se les imponen las manos “para realizar un servicio, y no para ejercer el sacerdocio”. A ellos les corresponde:



  • Asistir al Obispo y a los presbíteros en diferentes celebraciones.

  • En la distribución de la Eucaristía, llevando la comunión a los moribundos.

  • Asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, cuando no haya sacerdote.

  • Proclamar el Evangelio.

  • Administrar el Bautismo solemne.

  • Dar la bendición con el Santísimo.


El diaconado, generalmente, se recibe un tiempo antes de ser ordenado presbítero, pero a partir del Concilio Vaticano II, se ha restablecido el diaconado como un grado particular dentro de la jerarquía de la Iglesia. Este diaconado permanente, que puede ser conferido a hombres casados o solteros, ha contribuido al enriquecimiento de la misión de la Iglesia. (Cfr. LG. N. 29).





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