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Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio
¿En qué ha cambiado nuestra vida el encuentro con Jesús resucitado?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Conversión de San Pablo

Hechos de los Apóstoles 9, 1-22: “Se te dirá lo que tienes qué hacer”

Salmo 116: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”

San Marcos 16, 15-18: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”

 



San Pablo es modelo en muchos sentidos para el cristiano. Es el audaz apóstol que no se arredra ante las dificultades, es el visionario que abre las posibilidades del Evangelio hasta otras fronteras, es el servidor capaz de llorar con una comunidad o el maestro que reprende y corrige con dolor a sus discípulos.

Todo parte del gran acontecimiento que ha vivido: encontrarse con Jesús. Y su encuentro, que a muchos nos parece maravilloso y espectacular, no debió ser sencillo, sino traumático y trastornante. Todavía cuando Pablo narra su vida, su educación y su linaje, descubrimos rastros de ese orgullo de ser judío, fariseo educado a los pies de Gamaliel, celoso de su religión. No le importa derramar sangre, no le importa destruir personas, por encima de todo está la ley y su religión. Cuando cae por tierra, la visión que le produce ceguera, puede ser el descubrimiento más grande pero le hace cambiar totalmente su vida. Descubrir a Jesús resucitado, vivo y presente en los hermanos que antes quería matar, viene a cambiar radicalmente su percepción, su vida y sus opciones. Es una verdadera conversión.

Los relatos bíblicos nos lo cuentan en unas cuantas palabras, pero todo el proceso debe ser lento, doloroso y con mucha conciencia. Convertirse implica dar un vuelco total a las decisiones, a los amigos, a las costumbres… Conversión significa un cambio de mentalidad, una transmutación de valores, un nacer nuevo por la presencia del Espíritu. Es el pasar de las tinieblas a la luz. No es el cambio con nuevas promesas que nunca se cumplen, no es el cambio externo de colores y de formas, es el cambio interior que nos llevará a una nueva visión. Es dejar al hombre viejo y convertirse en un hombre nuevo. No son los propósitos fáciles sino la verdadera transformación interior. Dejarse tocar por Jesús cambia de raíz toda nuestra vida.

En Pablo lo podemos constatar de una manera radical. ¿Cómo es nuestra conversión? ¿En qué ha cambiado nuestra vida el encuentro con Jesús resucitado? San Pablo puede afirmar posteriormente: “Todo lo puedo en aquel que me conforta…” O bien, “Para mí la vida es Cristo y todo lo demás lo considero como basura…” ¿Nosotros cómo manifestamos nuestra conversión?

 



 

 





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