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Píldora digital
¿Gran Hermano Biomédico? La primera pastilla digital


Por: Carolina Chmielak | Fuente: www.centrodebioetica.org



El 17 de noviembre de 2017 se publicó en el diario “The New York Times” - sección Health-  un artículo titulado “First Digital Pill Approved to Worries about Biomedical ‘Big Brother’” en el que se da cuenta del creciente avance experimentado en el campo de la medicina digital, con especial referencia a la creación de dispositivos tendientes a permitir el monitoreo de la ingesta de medicamentos por parte de los pacientes.

Por primera vez, la U.S Food and Drug Administration o  FDA -  Agencia del Gobierno Norteamericano que tiene como misión principal la protección de la salud pública mediante la regulación de los medicamentos, diversos productos biológicos, dispositivos médicos, etc.- ,  aprobó una “píldora digital” , en este caso, una versión del antipsicótico Abilify.

Hablamos de una medicación con sensores que habilita a los profesionales de la salud a controlar si sus pacientes toman o no su medicina y cuando lo hacen.

Aquel que acuerde tomar el medicamento digital deberá firmar un consentimiento informado  o “consent form” que le permitirá a su médico y hasta cuatro personas más recibir los datos electrónicos que muestren la fecha y hora en que se ingirieron las píldoras. Todo esto se podrá manejar por medio de una “App” o aplicación de Smartphone, que incluso habilitará al paciente a bloquear destinatario alguno si es lo que desea.

La idea es que la pastilla genere una señal eléctrica -una vez que entre en contacto con el fluido estomacal- que será detectada por un parche que el paciente deberá pegar en su caja torácica y que renovará cada siete días.  Este parche enviará fecha y hora de ingesta a una base de datos que podrá ser consultada tanto por el médico de cabecera como por los autorizados.



Varios expertos consideran de gran utilidad a esta “píldora digital”. Según ellos la misma puede generar un avance en la salud pública, especialmente para aquellos “pacientes olvidadizos” que no suelen tomar su medicina a tiempo y conforme lo recetado, o que simplemente no lo hacen por miedo a los efectos adversos que la ingesta pueda llegar a generar en sus cuerpos.

Asimismo, señalan que se evitarían las grandes pérdidas económicas que dicha “falta de cumplimiento o adherencia” genera, a saber: si los pacientes no se medican se enferman aun más, consecuentemente requieren tratamientos alternativos o directamente la hospitalización para curarse, gastándose de tal forma más dinero –se estima que las pérdidas son de alrededor de 100 millones de dólares por año-.

Lo cierto es que se afirma que con la “píldora digital” no solo se beneficiarían aquellas personas que están enfermas sino que también toda la sociedad por el ahorro sanitario que tendría lugar.

En las antípodas del pensamiento explicado precedentemente se encuentran los testimonios de pacientes cuyas declaraciones reproducimos a continuación: "No volvería a hacerlo";  “… “obstaculiza a alguien y detiene el progreso en la terapia… "; "No me gustaría que una señal eléctrica salga de mi cuerpo lo suficientemente fuerte para que mi médico pueda leerlo"; "Francamente, hay un factor escalofriante en toda esta idea del seguimiento de medicamentos.”[1]

Básicamente, se cuestiona la capacidad de esta tecnología para fomentar o incentivar el “cumplimiento” en las personas. Muchos consideran que el fármaco digital genera más desconfianza que confianza en la relación medico- paciente y llega hasta ser coercitivo.



Además, Abilify resulta ser una opción inusual para ser la primera medicina integrada con un sensor, pues la misma es suministrada a gente con trastornos psiquiátricos diversos (por ejemplo: esquizofrenia).

Por último, si bien nada dice el artículo comentado precedentemente sobre el derecho de privacidad, podríamos agregar que dicha prerrogativa no deja de actuar como barrera a la recolección, uso y manejo de los datos médicos –personales y sensibles– del paciente.

Tampoco se hace mención acerca del derecho de propiedad. ¿Cómo se protegerán estos datos cuya propiedad le pertenece pura y exclusivamente al paciente? ¿Cómo serán tratados los mismos?¿Cómo evitamos que sean utilizados para finalidades distintas a las que motivaron su obtención?

Sin duda alguna, todavía falta determinar el marco jurídico–legal que regulará este avance médico–tecnológico y no solo para la medicación de tipo antipsicótica sino para todas aquellas que actualmente se intentan desarrollar –cardiovasculares, contra la diabetes, etc..

 





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